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16 verdades que no
se dicen en Venezuela
Alberto Mansueti
20 de agosto de 2004
¿Hubo fraude …? Puede ser, pero ello no haría menos cierto que …
1. Como siempre, ganó la abstención. De 14.037.900 electores
inscritos, votaron sólo 8.502.114. Eso nos deja 5 y medio millones
de venezolanos sin votar -¿no es una mayoría?-; y el “No” se
atribuye menos de 5 millones ... el segundo puesto. No es cierto que
“todo el pueblo acudió masivamente a votar.”
2. El problema de Venezuela no es sólo Chávez sino el estatismo, muy
anterior al “Comandante”. Es un país estatista en cultura, leyes e
instituciones, porque socialista es la ideología predominante, y más
moderado o menos, el socialismo ha inspirado las políticas públicas
desde aproximadamente 1928, de manera cada vez más “progresiva” y
casi sin retrocesos. El colapso terminal del estatismo -desempleo,
ingresos insuficientes, pauperismo-, provocó el descontento que
llevó a Chávez al poder en 1998, cuando desorientado por guías
ciegos, y creyendose víctima de la corrupción y del
“neoliberalismo”, el pueblo en su mayoría erró el diagnóstico y la
receta, y votó por Chávez (y hasta varias veces).
3. La corrupción es simple consecuencia del estatismo, que es lo
diametralmente opuesto al liberalismo. Pero las poquísimas voces
auténticamente liberales y críticas del estatismo socialista como
sistema fuimos siempre silenciadas por los “poderes fácticos”
académicos, políticos, empresariales, prensa, etc.
4. En los ’90 no hubo liberalismo. El segundo gobierno del Sr. Pérez
al menos intentó resolver los problemas reales, si bien con
soluciones falsas, que nada tenían de liberales. No es liberal
reemplazar la inflación con impuestos y las empresas estatales con
agencias reguladoras, incrementando tanto los impuestos como las
regulaciones. Ni sustituir los aranceles con derechos antidumping y
los subsidios con “drawbacks”. No es liberal incrementar el gasto
fiscal -y el tamaño y facultades del Estado-, ni alimentarlo con
endeudamiento externo. Tampoco lo es mantener el control estatal de
la educación y la práctica médica. ¿Qué pasó en los ’90? Simple: se
cambiaron unas formas de intervencionismo y dirigismo estatal por
otras, y unas maneras de financiarlas por otras.
5. Pero la oposición no discute políticas públicas. El debate sobre
los ’90 está pendiente, en el marco de una discusión más general
sobre las políticas y sus contextos ideológicos. Mas la actual
dirigencia opositora no quiere hablar ni oír hablar de otra cosa que
no sea: a) marchas y concentraciones; b) supuestas o reales
agresiones personales del oficialismo; y c) máquinas y boletas
electorales. Y en todo caso, d) hechos de corrupción -también
supuestos o reales- achacables a personeros oficialistas. Así va
para seis años que los jefes opositores cotidianamente nos dicen
“Chávez ya se va”; y no se ha ido. En su inefectividad, los
antichavistas se parecen mucho a sus primos, los anticastristas.
Chávez habla de lo que le viene en gana -hasta la saciedad- sin
respuesta de la oposición, obsesivamente concentrada en temas
adjetivos. Cuando Chávez dice que carece de interlocutores válidos
en la oposición, en ese punto está muy en lo cierto. Además Chávez
tiene aterrorizados a sus opositores con el remoquete de
“neoliberalismo”; a todos ellos les aterra y horroriza ser acusados
de “neoliberales”, y es de suponer que esa es una de las razones por
las cuales guardan el más absoluto silencio sobre todos los temas
económicos y políticos sustantivos, nacionales e internacionales.
6. El Gobierno es de izquierda, y la oposición también. O sea:
vivimos el peor de los mundos.
Constantemente repite la oposición que Chávez no es “verdaderamente”
de izquierda, y que “esto no es una revolución”; con lo cual
pretende salvar el honor de las izquierdas, y del socialismo como
“noble y elevado ideal”. Análogamente, todas las izquierdas llevan
décadas despotricando contra la democracia “puramente
representativa” -a la que llaman “seudodemocracia”-; y hoy las
izquierdas que hoy están circunstancialmente en la oposición se
rasgan las vestiduras ¡porque el actual gobierno ha puesto en
práctica lo que todas ellas tantas veces demandaron y exigieron!
Así se le escamotea a la opinión pública la posibilidad de
contrastar el socialismo con el capitalismo, que es el rumbo que
debería tomar la discusión pública, ¿o no?
7. La oficial es una izquierda “modernizada”; la opositora es algo
más retrasada. La primera es más joven en edad, y más actualizada
con la agenda posmoderna y New Age: ecologismo, indigenismo,
“género”, concepto extenso de derechos humanos, y todas las modas
ideológicas que tienen su origen en las Agencias de la ONU y la
Unión Europea, y la industria fílmica del Primer Mundo ...
8. … y además, los puestos estatales no alcanzan para todos. Y por
eso hay tanto izquierdista en la oposición; en Venezuela ellos son
mayoría superhegemónica, y las posiciones estatales, aún siendo
abundantes, simplemente no son suficientes -en número e
importancia-, para tantas ambiciones.
9. Es falso que ser mayoría implique tener la razón. Pero en nuestro
país se ha llegado al extremo de la demolatría, el endiosamiento y
adoración del “demos”, el pueblo. Se cree que el pueblo jamás se
equivoca, y en una cierta doctrina de la infalibilidad de la
mayoría, cuando habla “ex cathedra sobre cuestiones de Gobierno y
economía”, por parafrasear una fórmula conocida, con el debido
respeto por la Silla Pontificia. No se habla de otra cosa que de
“Nosotros somos mayoría y Uds. minoría”, y las maneras de
demostrarlo (principalmente con “videos”). Así la conciencia
política se ha degradado mucho, y el conocimiento de la gente sobre
la materia se empobreció enormemente.
10. La demagogia ha tomado una nueva y perversa forma. Prometer al
pueblo lo irrealizable es la vieja forma, y subsiste. La nueva es
más cónsona con el sentido primitivo del concepto de demagogia:
“halagar” al pueblo. Se halaga a alguien cuando se quiere sacarle
algo, ¿verdad? Pues así es que tantos políticos -que viven de
nosotros- nos repiten que somos un pueblo “maduro”, “adulto”,
“estoico”, “noble”, “resistente”, que “ha avanzado, ha progresado”,
y que somos “ejemplo para el mundo” … y cuanto crea que puede
acarrearle popularidad. (“Tú vales oro”, dice un canal de TV …)
Pero, ¿quién va a decirle a la gente ciertas verdades que debe
saber, aunque tal vez no quiera escuchar? (Por ej., sobre economía
de mercado, socialismo y capitalismo.) Con sus halagos desmedidos,
los políticos -oficialistas y opositores- poco contribuyen a nuestra
maduración, y mucho a nuestra infantilización. Ingenuos nosotros si
les creemos semejantes edulcoraciones.
11. Los partidismos reemplazan a los análisis. ¿Hay artículos de
opinión y “programas de opinión”? Demasiados, pero faltan opiniones
objetivas; hay puro sesgo, de lado y lado, posiciones prefabricadas,
“argumentos” falaces, descabellados y hasta ridículos (risibles),
predestinados a justificar de antemano la posición tomada y conocida
por el lector, televidente o radioescucha. Aburre este tipo de
“opiniones” harto predecibles. Y peor: la posición que alegan y
pretenden justificar, no es en absoluto sobre algún tema de de fondo
o sustantivo; por lo común tiene que ver con esa monótona y cansona
cantinela de “Nosotros somos mayoría y Uds. minoría” o “nosotros
ganamos y Uds. perdieron”. El chisme y el insulto caracterizan lo
que debería ser un duelo político, y es apenas como una pelea de
botiquín.
12. Los sentimentalismos sustituyen a los razonamientos. La emoción
predomina ampliamente sobre la razón, que tiende a desaparecer.
Vivimos en el reino de lo lacrimógeno-melodramático, lo emotivo. Y
de sentimientos como p. ej. la rabia. Uno ve a supuestos filósofos
(o profesores de Filosofía, que no es lo mismo) rabiando desencajado
ante las cámaras, histéricos, cuando lo propio de los intelectuales
y pensadores es más la reflexión que la indignación. Y por todas
partes vemos pensamiento “positivo” en lugar de objetivo; y “fe”
ciega en lugar de consideraciones racionales. (La verdadera fe es
otra cosa, no es ciega; es una confianza basada en un testimonio, en
lugar de una evidencia directa, que al menos de momento no es
posible tener.)
13. Los medios dominan, y todos mienten. Mucho tiene que ver en la
sentimentalización de la vida pública una prensa electrónica (radio
y TV) hecha de pura imagen y sensacionalismo -¿será que la sangre y
el escándalo venden más que las ideas y las argumentaciones?-, que
ha tomado partido abiertamente, y a todo lo cual se ha arrastrado
también a la prensa escrita. El irracionalismo campea.
Una muestra muy evidente del predominio de los sentimientos -sin
control de la razón-, es que cambian caprichosamente de un extremo a
otro en un momento: en este instante estamos eufóricos, en el
siguiente deprimidos, o al revés. Y a quien ayer aplaudimos y amamos
hoy vituperamos y odiamos, porque no hace o dice exactamente lo que
queremos que haga o diga; ayer era héroe, hoy villano. O viceversa.
Otra cosa: ya nadie dice “Yo pienso”; ahora se dice “Yo siento”. Y
digamoslo: el irracionalismo es muy grave porque es principal
ingrediente y causa de violencia. Más violencia nos espera a los
venezolanos a menos que retomemos la vieja costumbre de pensar.
14. Su majestad el activismo impera, en el Gobierno pero sobre todo
en la oposición. El activismo es expresión del voluntarismo, o
esperanza irracional en el puro poder de la voluntad, con
independencia de la naturaleza de las cosas, sus principios y leyes.
El activismo es vicio que forma parte del “paquete” posmoderno y New
Age. Y aqueja tanto al Gobierno como a la oposición: el primero
insiste tercamente en el socialismo; la segunda insiste más
tercamente en sacar a Chávez del Gobierno sin discutir con él, sin
contrastar sus políticas socialistas con otras políticas, digamos,
no socialistas (para no decir “capitalistas”, mala y obscena palabra
para la oposición) ...
15. … la oposición pretende vencer sin convencer; pero, ¿no es ese
uno de los pecados de los cuales acusa a Chávez? Pero la verdad es
que si Chávez habla hasta por los codos de todo asunto que le viene
a la mente, es porque a su modo pretende convencernos, lo logre o
no.
16. El lenguaje está “deconstruido”, o sea destrozado. El uso del
lenguaje es puramente retórico, destinado a conmover y a excitar los
sentimientos, no importa si malos o buenos (y se supone que no hay
sentimientos malos, todos son buenos a fuer de “auténticos”; pero
este es otro tema). Plagado de los crípticos clichés posmodernos, el
lenguaje no describe, no propone ni enuncia; la semántica importa
poco, y mucho menos la sintaxis; y se habla cada vez más a los
gritos. Un ejemplo: ya desde mucho antes de Chávez todo el mundo
gesticula y pide a gritos “un cambio”; pero sin preocuparse en lo
más mínimo en enumerar y describir lo más exactamente posible qué
cosas quiere cambiar por cuales otras, mucho menos por cuales
razones.
Y las categorías del lenguaje ya no se corresponden con las
categorías de la realidad (y aquí sí que me paro, ¡porque ese sí es
otro tema, y qué tema …!)
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