En defensa del neoliberalismo
 

El Dilema Feminista: cuando no basta el éxito

 

Diana Furchtgott-Roth y Christine Stolba

Las primeras feministas de Estados Unidos lucharon para aumentar las opciones de las mujeres garantizándoles igualdad de oportunidades en las urnas, en las escuelas, como propietarias y en los centros de trabajo. Lucharon por la igualdad civil y legal de la mujer, y es un testamento a la fortaleza del ideal de la democracia americana que tuvieran éxito. Ahora las mujeres son miembros plenamente iguales de la sociedad americana, y merece la pena celebrar su triunfo.

Pero ese éxito ha creado un dilema para algunas feministas contemporáneas, especialmente para aquellas cuyo activismo de “segunda ola” se ha convertido en un negocio a tiempo completo. Para ellas, los logros que han conseguido las mujeres como resultado de la igualdad de oportunidades no son suficientes. Buscan igualdad de resultados. “El Dilema Feminista” es un libro que muestra que el feminismo contemporáneo se ha extraviado al volverle la espalda a los principios fundamentales del temprano movimiento feminista; hoy, la feministas persiguen políticas que entronizarían la igualdad de resultados a expensas de la igualdad de oportunidad. Donde antes las feministas demandaban y recibían el derecho a salario igual por trabajo igual con la Ley de Igualdad de Pago, ahora demandan que el gobierno establezca salarios que favorezcan las ocupaciones dominadas por las mujeres. Antes, las feministas desafiaban las restricciones discriminatorias en la educación de las mujeres; hoy, hacen campaña por la “equidad genérica” (gender equity) en la educación, una idea que parte de la absurda concepción de que, sin discriminación, los hombres y las mujeres alcanzarían una absoluta proporcionalidad en todas las esferas de actividad. Similarmente, donde antes las feministas querían terminar con la práctica de anuncios de empleos sexualmente segregados y darle una oportunidad a las mujeres de entrar en las profesiones, hoy las feministas alegan que si las mujeres no deciden entrar en todos los oficios en los mismos números que los hombres, hay que echarle la culpa a la discriminación.

Con el movimiento hacia definir la igualdad de las mujeres como paridad numérica, se ha desarrollado un hábil cambio en el lenguaje que las feministas usan para describir los derechos de las mujeres. Orientaciones salariales determinadas por el gobierno, conocidas como “valor comparable”, se vuelven “equidad de pago”; programas preferenciales para las mujeres subsidiados por el gobierno o licencia de maternidad obligatoria ahora se han convertido de “derechos de las trabajadoras”. Se dice que las mujeres que trabajan y cuyas carreras no llegan a la de presidente de una corporación topan con “un techo de cristal” (glass ceiling) pero los innumerables hombres que se encuentran en la misma situación simplemente han llegado a su tope. Más que demandar igualdad de oportunidad, las feministas están cabildeando por derechos preferenciales para su propio grupo de intereses. Por supuesto, las mujeres todavía afrontan problemas. Infortunadamente, la discriminación y el acoso sexual todavía son demasiado frecuentes. Pero los datos muestran que no constituyen problemas sistémicos en Estados Unidos ni sin solución. Por otra parte, las leyes existentes sirven para proteger a todos los individuos. Las feministas, sin embargo, están ganando su propia guerra para redefinir la igualdad como paridad numérica. En agencias administrativas como la Comisión de Igual Oportunidad de Empleo (EEOC) y oficinas del poder ejecutivo como la Oficina para los Derechos Civiles del Departamento de Educación, ahora se ha impuesto el mensaje feminista de igualdad de resultados.

En agencias administrativas como la Comisión de Igualdad de Oportunidad en el Empleo (Equal Employment Opportunity Commission, EEOC) y en oficinas de la rama ejecutiva como la Oficina para los Derechos Civiles del Departamento de Educación, ahora reina el mensaje feminista de igualdad de resultados. Las agencias federales y todas las firmas del sector privado con más de 15 empleados tienen que mantener expedientes de todos los trabajadores, divididos por sexo y una multitud de categorías raciales. Muchas vacantes están separadas para hombres o mueres, negros o blancos, asiático americanos o indo americanos, y tanto las agencias federales como las firmas privadas viven bajo el temor de recibir un mal informe de la EEOC. Cuando los hombres están subrepresentados, como en el caso del Departamento de Salud, no se ningún esfuerzo por aumentar su contratación pero la EEOC pone en su mirilla a las firmas que tengan pocas mujeres, aunque no haya quejas.

La realidad de los logros de las mujeres es imposible de ignorar. Aunque este libro examina las principales áreas donde los esfuerzos feministas para redefinir erróneamente la igualdad han penetrado más profundamente, también presenta la realidad de los éxitos femeninos. El Capítulo 2 plantea el problema que inspiró inicialmente la redacción del libro, es decir, el obsesivo reclamo feminista de que existe una continua discriminación y su contradicción con la obvia realidad de los logros femeninos en todas las áreas. Describimos como las feministas se han desplazado de un mensaje de igualdad de oportunidad a una exigencia de igualdad de resultados.

La abrumadora evidencia de los éxitos de las mujeres en los niveles de secundaria, college y universidad desmiente las alegaciones feministas sobre discriminación en la educación, como discutimos en el Capítulo 3. En la actualidad, hay más mujeres que hombres asistiendo a las universidades, y más mujeres que hombres tienen títulos de licenciatura y doctorados. Pero muchas mujeres escogen campos que pagan menos que los dominados por los hombres. Por ejemplo, las mujeres reciben la mayoría de sus títulos en administración pública y en literatura inglesa, y una minoría en materias como matemáticas e ingeniería. Discutimos si esas opciones son pruebas de discriminación y evaluamos las proposiciones feministas para transformar la educación.

El feminismo en el puesto de trabajo

En el Capítulo 4 discutimos otro ángulo del dilema feminista al abordar el problema de las opciones femeninas. Estudiamos el amplio rango de opciones disponibles para las mujeres. Frecuentemente, las feministas alegan que las mujeres afrontan discriminación en su opción de carreras. Señalan, por ejemplo, la escasez de mujeres en profesiones como la minería o la construcción y el pequeño número de mujeres como ejecutivos en jefe de empresas. Nosotras aseguramos, sin embargo, que las mujeres tienen muchas razones para preferir no entrar en esas profesiones y que ellas valoran la flexibilidad laboral y las menos horas de trabajo. Al examinar las opciones laborales, es imposible ignorar la enorme distancia que separa lo que las mujeres están haciendo en el mundo real y lo que las feministas dicen que deberían estar haciendo.

Las opciones laborales de las mujeres tienen un significativo efecto en sus ingresos y en sus posibilidades de promoción laboral. Estos son los temas del Capítulo 5. Discutimos las principales “pruebas” feministas sobre la discriminación en el centro de trabajo: la “brecha salarial” que supuestamente existe entre hombres y mujeres; el “techo de cristal” que supuestamente impide la promoción femenina, y evaluamos su validez. Observamos las engañosas alegaciones repetidamente hechas por las feministas sobre los salarios femeninos y presentamos pruebas que demuestran que cuando se toman en consideración factores tan esenciales como la educación, la experiencia y los años consecutivos en la fuerza de trabajo, el pago de hombres y mujeres es prácticamente el mismo. Además, refutamos el mito del “techo de cristal” observando que el sentido común y una elemental mirada a la historia de los títulos de las escuelas profesionales revelan la existencia de un mecanismo corporativo a través del que sólo recientemente las mujeres han empezado a moverse. De nuevo es la opción y no ninguna discriminación lo que explica la falta de proporcionalidad en los salarios y promociones de hombres y mujeres.

En el Capítulo 6 describimos lo que le está costando a la sociedad esa otra arma favorita de las feministas: la ley del acoso sexual. Aunque su objetivo inicial era afrontar casos notables de extorsión sexual, ahora se está usando como una forma de monitorear un amplio espectro de formas de conducta y maneras de hablar en el puesto de trabajo, en su gran mayoría nada ofensivas. Exploramos los argumentos de las teóricas legales feministas que demandan una ulterior expansión de la ley del acoso sexual y señalamos los potenciales costos de semejante expansión, incluyendo los costos a las mujeres en el centro de trabajo.

Es inconsecuente que las feministas contemporáneas aleguen que las mujeres pueden hacer todo lo que hacen los hombres y, al mismo tiempo, estén exigiendo más leyes que obligarían a los empleadores a darles beneficios específicos como licencia de maternidad o guardería subsidiadas. La necesidad de estas medidas y sus costos constituyen el tema del Capítulo 7. Las feministas citan con frecuencia el ejemplo de lo países europeos, donde los empleadores y el gobierno frecuentemente suministran licencia paga de maternidad y guardería subsidiadas, como el modelo a seguir por Estados Unidos. Examinamos la validez de esta alegación y, usando ejemplos de compañías reales, demostramos los costos de leyes como la Family and Medical Leave Act, que proporciona 12 semanas de licencia sin sueldo para ocuparse de asuntos familiares. Más aun, aunque las feministas alegan que el modelo europeo de la política en el centro de trabajo  ayudaría a las americanas, nosotros presentamos datos que demuestran que las europeas están más atrasadas en el centro de trabajo que las americanas. Las mujeres en los países europeos trabajan menos fuera de la casa y no más; sus índices de desempleo son generalmente más altos que los de los  hombres; y sus países tienen tasas más altas de desempleo general y tasas inferiores de crecimiento económico.

Tras examinar los costos de esos  beneficios obligatorios, volvemos nuestra atención a un área fuera del centro de trabajo donde las campañas feministas para la proporcionalidad estadística han tenido un desastroso éxito: el atletismo universitario. El Capítulo 8 explora la historia y la aplicación de una fracción de ley federal sobre la educación llamada Título IX, Aunque la intención de los creadores del Título IX era garantizar la igualdad de oportunidades, las feministas y los despistados burócratas gubernamentales han transformado el estatuto en un arma para forzar la proporcionalidad estadística en los deportes universitarios. El resultado ha sido la eliminación de numerosos equipos deportivo masculinos de todo el país. Entre 1993 y 1999 los colleges y universidades terminaron 53 equipos masculinos de golf, 43 de lucha, y 16 de béisbol, entre otros, la gran mayoría debido a los requerimientos del Título IX.

En el Capítulo 9 describimos como políticas inspiradas por las feministas han resultado en que las mujeres hayan sido clasificadas por sexo en todo centro de trabajo de más de 15 personas en Estados Unidos. Los empleadores tienen que mantener expedientes de cuántos hombres y cuántas mujeres contratan, en muchos casos divididos por clasificación de empleo. La EEOC puede investigar cualquier compañía en cualquier momento sin necesidad de que se haya presentado ninguna demanda, para ver si la proporción de mujeres en la fuerza de trabajo se corresponde con la proporción en la fuerza de trabajo local. De no ser así, la comisión puede suponer que ha habido discriminación y pude llevar la empresa ante los tribunales, donde la compañía puede ser multada. Esa posibilidad ha creado una mentalidad de cuota entre los departamentos de personal que viven en el temor a una investigación de la EEOC, y bajo la presión de contratar y promover a mujeres menos calificadas por sobre hombres más calificados.

Infortunadamente, la concentración de las feministas contemporánea en los resultados las ha cegado al status de las mujeres americanas, más complejo pero no necesariamente desigual. Inherentes a muchas de sus discusiones hay un debate sobre qué tipo de sociedad quieren los norteamericanos. ¿Debe todo el mundo regirse por un sólo estándar, ciego al sexo, con igualdad de oportunidades más bien que de resultados como orientación general? ¿O deben merecer las mujeres – que después de todo son más de la mitad de la población, que están mejor educadas, que tienen una esperanza de vida siete años mayor que la de los hombres, y un porcentaje mucho menor de consumo de drogas duras y de encarcelamiento – un status protegido en los centros de trabajo? ¿Suponen gratuitamente los actuales programas preferenciales del gobierno que la mujeres deben hacer ciertas opciones, las que las feministas consideran apropiadas? ¿Como influyen las fuerzas fuera del centro de trabajo – fuerzas sociales y culturales relativas a la familia y los objetivos personales- en las decisiones que toman las mujeres dentro del centro de trabajo y viceversa? Al examinar estas cuestiones, esperamos contribuir al debate sobre el significado de la igualdad y del éxito para las mujeres en una sociedad democrática.

The Feminist Dilemma: When Success Is Not Enough

(200 pags.$17.50)