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Libros. El
ambientalista escéptico Comentario de Jane S. Shaw Bjorn Lomborg sacudió al mundo de los ambientalistas. Describiéndose a sí mismo como un “ex izquierdista miembro de Greenpeace”, el estadista danés produjo un libro que destruye la mayoría de los miedos apocalípticos que mantienen a Greenpeace a flote. “El ambientalista escéptico” demuestra en forma persuasiva que el medio ambiente está mejorando, en lugar de empeorar, y que muchos de los problemas que Greenpeace y otros grupos activistas llaman crisis inminentes, como la lluvia ácida o el calentamiento terrestre, son en realidad, problemas manejables. Al principio, el libro de Lomborg fue recibido con entusiasmo, y como a un mochilero vegetariano fue aclamado como una curiosidad amable. En un artículo para el New York Times, Nicholas Wade sostuvo que se “sorprendió de encontrar a alguien que se llama a sí mismo ambientalista pero que sostiene que las cosas están mejor...y que el calentamiento global no es tan serio como generalmente se lo muestra”. Pero luego se desenvainaron los grandes cuchillos. Personas importantes, incluyendo científicos que tienen posiciones rígidas sobre cuestiones ambientales, aparentemente se sintieron atacadas por las 515 páginas de Lomborg. Apuntaron hacia él. Un comentario casi histérico de los ecologistas Stuart Pimm y Jeff Harvey preguntó por qué Cambridge University Press “decidió publicar un libro hostil en cuestiones científicas complejas que difieren del amplio consenso científico, utilizando argumentos muy frecuentes por fuentes de noticias en lugar de publicaciones realizadas por su pares”. Cuando uno lee el libro, es difícil ver cómo alguien podría haber realizado estos cargos honestamente. Para comenzar, “El ambientalista escéptico” está escrito de forma pensada y conversada con poco dogmatismo y mucha humildad. Las discusiones están apoyadas por datos sólidos, siempre cuidadosamente organizados en gráficos y cuadros. Para cualquiera que ha estudiado estas cuestiones sin pasión (como lo he intentado hacer en escritos anteriores, y como tantos otros, como Julian Simon, Ronald Bailey, Joseph Bast, P. J. Hill, Wallace Kaufman, Gregg Easterbrook, y Michael Sanera), las conclusiones de Lomborg son razonables y bien sostenidas. El objetivo fundamental de Lomborg es identificar amplias tendencias, algunas estrictamente ambientales (como por ejemplo si 40.000 especies se están extinguiendo cada año, como muchos sostienen). Explica que uno podría “escribir un libro lleno de ejemplos terribles” o, alternativamente, un libro “lleno de historias iluminadoras”, pero ambas serían “igualmente inútiles”. Además de evaluar las tendencias globales, analiza amenazas ambientales específicas. En la mayor parte, Lomborg se apoya en fuentes de información ampliamente aceptadas (que hace que la queja de Pimm/Harvey sea absurda). Estas son respetadas (aunque imperfectas) colecciones de información de organizaciones como Food and Agriculture Organization y de la Organización Mundial de la Salud. Para la información de Estados Unidos, Lomborg se basa en fuentes como la Environmental Protection Agency y el Departamento de Agricultura. Lo que sus críticos no quieren admitir es que las fuentes principales cuentan una historia de mejora constante en las condiciones humanas y el riesgo en el medio ambiente (En el caso de calentamiento terrestre, que involucra no tanto material fáctico como predicciones basadas en modelos de computadoras, Lomborg se basa en el Intergovernmental Panel on Climate Change -IPCC, la organización científica más conocidas en cuestiones de calentamiento terrestre). A veces Lomborg se enfrenta a sus fuentes de información –especialmente, cuestiona algunas de las decisiones de IPCC- pero durante la mayor parte acepta las conclusiones de las organizaciones gubernamentales y de las Naciones Unidas. Por ejemplo, cuando la EPA sostiene que entre 15.000 y 22.000 personas mueren en Estados Unidos por radón en sus casas, no lo discute, aunque muchos lo han hecho. En su lugar, destaca que ese tipo de contaminación ambiental doméstica generalmente es ignorada bajo una serie de preocupaciones mucho menos serias como los temores de cáncer de las comidas con residuos de pesticidas. Indudablemente, algunas de las reacciones a “El ambientalista escéptico” parten de la crítica de Lomborg de unas pocas luminarias entre los ambientalistas apocalípticos, como Lester Brown del Workwatch Institute y Paul Ehrlich de Stanford. Lomborg muestra cómo Brown utiliza mal datos estadísticos de corto plazo para que parezcan apoyar sus reclamos pesimistas. Por ejemplo, Brown seleccionó el comienzo y el final de un período histórico reciente para dar la impresión de que los cultivos de granos están cayendo. En realidad, la tendencia más amplia muestra que están creciendo. La crítica de Lomborg hacia Brown es inexpugnable, y no es el primero en hacerla. Pero los amigos de Brown han elegido continuar en el mismo círculo. Quizás porque el libro es una colección tan impresionante de datos estadísticos que sienten que tienen que destruirlo si pueden. Eventualmente la marea bajará y “El ambientalista escéptico” tomará su lugar en nuestras bibliotecas como una referencia habitual. En realidad, el libro ya está siendo citado como fuente. Para aquellos más interesados en hechos que en retórica, será muy valioso para los años futuros. Jane Shaw es un asociado senior de PERC –The Center for Free Market Environmentalism- en Bozeman, Montana y coatutor con Michael Sanera de “Facts, Not Fear: Teaching Children about the Environment”. Traducción de Hernán Alberro |