Venezuela: ¿Cómo se desmoronó la
revolución de Hugo Chávez?
por: Jackson Diehl
Mientras el mundo permanece preocupado por la crisis en
Haití, América Latina ha llegado en silencio a un punto de
inflexión en el conflicto ideológico que ha polarizado la
región - y paralizado la diplomacia de Estados Unidos -durante
la mayor parte de la última década. El resultado se reduce a
esto: el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez ha sido
derrotado y va en vías del colapso.
Durante las dos últimas semanas, justo antes y después del
terremoto que devastó Puerto Príncipe, ocurrió lo siguiente:
Chávez se vio obligado a devaluar la moneda venezolana e
imponer, y luego revocar, cortes de electricidad masivos en
la capital al tiempo que el país se estremece a causa de la
recesión, una inflación de dos dígitos y el posible colapso
de la red eléctrica nacional. En Honduras, una crisis de tan
sólo siete meses de duración, desencadenada a partir del
intento de un cliente de Chávez de acabar con el orden
constitucional, terminó en un acuerdo que lo enviará al
exilio, al tiempo que un candidato moderado, electo
democráticamente, jura como Presidente.
Por último, pero no menos importante, las elecciones
presidenciales en Chile, la economía más exitosa de la
región, produjo la primera victoria de un candidato de la
derecha desde Augusto Pinochet. Sebastián Piñera, el
industrial y paladín del libre mercado que resultó
victorioso, ya ha hecho algo que ningún dirigente de Chile o
de la mayoría de los países de América Latina ha estado
dispuesto a hacer en los últimos años: enfrentarse a Chávez.
Venezuela no es una democracia, declaró Piñera durante su
campaña. "Dos grandes modelos se han formado en América
Latina: uno de ellos encabezado por gente como Hugo Chávez
en Venezuela, Castro en Cuba y Ortega en Nicaragua....
Definitivamente creo que el segundo modelo es mejor para
Chile. Y ese es el modelo que vamos a seguir: la democracia,
el imperio de la ley, la libertad de expresión, la
alternancia del poder sin el caudillismo".
Piñera sólo dijo lo obvio pero fue más de lo que su
predecesora socialista Michelle Bachelet o el brasileño Luiz
Inácio Lula da Silva han estado dispuesto a expresar
abiertamente. Ese silencio paralizó a los gobiernos de Bush
y de Obama, los cuales sentían, con razón o sin ella, que no
debían ser los únicos en apuntar al asalto de Chávez a la
democracia. Piñera ya ha facilitado a Washington una
oportunidad para elevar su voz sobre las violaciones de los
derechos humanos en Venezuela.
Esto se produjo en un momento en que Chávez ya se tambaleaba
a causa de otros golpes diplomáticos. Honduras es uno de
ellos. Aunque el país es pequeño, la lucha de poder entre la
elite política establecida y Manuel Zelaya, el acólito de
Chávez, se convirtió en una batalla regional entre
partidarios y opositores de Chávez, con Brasil y otras
democracias de izquierda extendidas en el medio.
El resultado representa una victoria para Estados Unidos,
que fue prácticamente el único país que apoyó la elección
democrática que rompió el punto muerto. Honduras es el final
de la cruzada de Chávez para exportar su revolución a otros
países. Bolivia y Nicaragua seguirán siendo sus únicos
aliados seguros. Lula, cuya tolerancia hacia Chávez ha
empañado su intento por convertirse en un estadista de talla
mundial, dejará su cargo a finales de este año; las
encuestas muestran que el candidato de su partido va detrás
de un candidato más conservador.
Haití sólo profundiza el hoyo en que Chávez se encuentra.
Bajo la mirada atenta del mundo entero, Estados Unidos está
dirigiendo una operación humanitaria masiva, y los haitianos
están literalmente animados ante la llegada de las tropas
estadounidenses. Chávez no tiene manera de conciliar esas
imágenes con su mensaje propagandístico central a los
latinoamericanos: que Estados Unidos es un "imperio" y una
fuerza maligna para la región.
Luego está la crisis que Chávez afronta en casa. A pesar de
la recuperación de los precios del petróleo, la economía
venezolana ha caído en una profunda recesión y sigue
hundiéndose aun cuando el resto de América Latina se
recupera. Los economistas pronostican que la inflación
podría elevarse al 60% en los próximos meses. Mientras tanto,
debido a la sequía, el país está amenazado del cierre de una
central hidroeléctrica que abastece 70% de la electricidad.
Pero el fracaso de Chávez en invertir en nuevas plantas
eléctricas significa que no existe un plan B. También existe
la epidemia de la delincuencia: los homicidios se han
triplicado desde que Chávez asumió el poder, lo que ha hecho
de Caracas una de las ciudades más peligrosas del mundo. En
un partido de béisbol reciente la multitud gritaba: "Tres
strikes, luz, agua, inseguridad. Presidente tas poncha’o".
Los matones de Chávez se encargaron de golpear a esos
fanáticos del béisbol. Él presidente mismo despotrica contra
la "ocupación" de Haití por parte de Estados Unidos; en el
canal de televisión estatal llegó a afirmar que la Marina de
Estados Unidos causó el terremoto con una nueva arma secreta.
El domingo, el gobierno ordenó a las redes de cable a
retirar de la programación a un canal de televisión opositor.
Ante este panorama, los índices de aprobación de Chávez
continúan cayendo: (tiene menos del 50% de apoyo en
Venezuela y del 34% en el resto de la región). El caudillo
ha sobrevivido a un montón de malas noticias antes, y puede
que sobreviva a esta coyuntura. Pero el momento decisivo en
la batalla entre el populismo autoritario y la democracia
liberal en América Latina ya pasó, y fue Chávez el que
perdió.
* Jackson Diehl es el responsable de la página editorial del
Washington Post.
Fuente: The Washington Post