En defensa del neoliberalismo
 

           

                                  Salud e ilusiones
 

 

Es muy probable que la emulación entre los programas de Oscar Haza y María Elvira Salazar sea el principal atractivo que nos ofrece la televisión en español todas las noches. Es un fastidio, y al mismo tiempo un placer, tener que estar cambiando de canal para ver cuál programa es más interesante. (Seguramente ambos se sentirán irritados por esta observación.) El martes pasado, María Elvira presentó un programa sobre Ana Belén Montes, la espía castrista que llegó a ser la más importante analista del Pentágono en relación con Cuba. Durante quince años estuvo dando información falsa y desorientando a los altos mandos de la defensa de Estados Unidos. Esto fue un triunfo espectacular de la inteligencia cubana y un fracaso, no menos espectacular, de la inteligencia americana. Es muy natural que los americanos quieran restarle importancia a esto y barrerlo debajo de la alfombra. Lamentablemente, Fidel Castro tiene el mismo interés. Esto es inaceptable.

Los altos mandos del Pentágono, y del gobierno americano, han sido sistemáticamente engañados durante muchos años. Eso significa que las opiniones sembradas por la inteligencia cubana siguen dominando en el establishment de la defensa nacional. Una de ellas, sin duda, era que, con la desaparición de la Unión Soviética, Cuba había dejado de ser una amenaza para Estados Unidos. Hoy (casi) todos los políticos americanos piensan lo mismo: ¿qué peligro puede significar esa islita? Todos quieren aparecer como opositores a la dictadura. Pero su oposición es puramente formal y retórica. Es una arrogancia suicida.

Actualmente, Estados Unidos tiene que adaptarse a un tipo de guerra completamente nuevo: la guerra irregular contra el terrorismo. Ahora no hay que enfrentar los ejércitos de un estado enemigo, sino grupos terroristas suicidas. Esto pudiera parecer una tarea imposible y quizás lo sea. Sin embargo, los grupos terroristas clandestinos necesitan de un fuerte apoyo logístico: pasaportes falsificados, lugares donde poder refugiarse durante largos períodos de tiempo, casas seguras, redes internacionales de contactos. Y necesitan mucho, mucho dinero. En realidad, les hace falta un tipo de apoyo que sólo pueden dar los gobiernos. Es decir: necesitan apoyo estatal. Un ejemplo clásico es el apoyo que el gobierno de Afganistán le daba a Al Qaida.

En el contexto de esta guerra irregular, dada su cercanía con Estados Unidos, no hay país más peligroso que Cuba. Venezuela todavía no es un país totalitario. En sus fuerzas armadas y en sus aparatos de inteligencia hay cuadros que no simpatizan con el terrorismo y que rechazan la idea de una guerra a muerte contra Estados Unidos. Chávez puede tener mucho dinero, pero no tiene las manos libres. Cuba es diferente. Es un estado totalitario. Sus fuerzas armadas y sus aparatos de inteligencia han sido una creación de la dictadura. No hay ninguna razón objetiva para pensar que no vayan a seguir a Fidel Castro en cualquier tipo de aventura. Ningún ejército comunista se ha rebelado nunca contra la dictadura del partido. El gobierno cubano, por otra parte, es el heredero ideológico de la Internacional Comunista. No hay ningún gobierno que tenga relaciones tan estrechas, y de tantos años, con una red tan vasta de organizaciones hostiles a nuestro país. Incluyendo, por supuesto, a la poderosísima izquierda americana, con su control sobre las universidades y los medios de comunicación.

Estados Unidos es el enemigo fundamental de la dictadura cubana. Y Estados Unidos es el enemigo fundamental de los terroristas islámicos. Independientemente de discrepancias secundarias, eso es lo determinante. Vean, si no, la monstruosa alianza entre Venezuela e Irán. Entre nosotros se sigue insistiendo en que, en el caso de Cuba, la ideología no tiene ninguna importancia. Es un grave error. En América Latina y en todo el mundo hay un antiamericanismo irracional sumamente extendido. Para sus simpatizantes, Fidel Castro es un héroe. Este antiamericanismo irracional --que no tiene nada que ver, digamos, con la crítica del proteccionismo americano-- ha sido la base fundamental de apoyo de la dictadura cubana. El caso de Ana Belén Montes enfatiza la importancia de este problema.

Lo importante no es Fidel Castro. La importancia de su personalidad es una ilusión. Es un simple reflejo de la vitalidad que mantienen las ideas que ha defendido y, en particular, de su antiamericanismo. La gente no está enamorada de ese viejo enfermo y lamentable, está enamorada de sus ideas. Esas ideas mantienen tanta fuerza que llevaron a Ana Belén Montes a la traición. No hay que menospreciarlas. Son la religión secular de nuestro tiempo.

Durante décadas, los comunistas estuvieron sembrando su hostilidad a la sociedad de libre mercado. No es casual que tantos intelectuales --desde Picasso hasta Neruda-- hayan sido comunistas. No importa que el comunismo haya sido un fracaso en la práctica. El odio a la sociedad libre es más fuerte que nunca. Revertir ese proceso, en la medida en que sea posible, va a ser una tarea de largo aliento. Lo estamos viendo en la ofensiva izquierdista en América Latina. El formidable Antiamericanism: rational and irrational de Paul Hollander ni siquiera ha sido traducido al español. Entre los opositores del colectivismo izquierdista, el principal frente de lucha tiene que ser cultural, ideológico. Y deberá serlo durante mucho tiempo. Las ideas de Castro siguen siendo populares. Es irrelevante hacerse ilusiones con su salud. Lo importante es la salud de las ilusiones que él representa.