| En defensa del neoliberalismo |
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Falacias económicas:
En una reciente entrevista sobre su último libro “Hechos y falacias económicas” (no traducido al inglés, por supuesto) a Thomas Sowell le piden un ejemplo de falacia económica. Sowell responde citando la afirmación de que, en Estados Unidos, los ricos se están haciendo más ricos, y los pobres, más pobres. Eso dice, Sowell es confundir deliberadamente la diferencia entre personas reales y categorías estadísticas. Hace poco, el Departamento del Tesoro publicó un estudio basado en las declaraciones de impuestos. En ese estudio, estuvieron siguiendo a los mismos individuos durante un período de años. Esto es radicalmente diferente a seguir los grupos de ingresos durante años. Y la razón es que más de la mitad de las personas que están en todos los grupos de ingresos cambia de grupo en un período de 10 años. Una cosa es lo que le pasa a una categoría abstracta como son los grupos de impuestos y otra, totalmente, diferente lo que le pasa a las personas reales. Por ejemplo, ¿qué les pasó a las personas reales que constituían el 20% de las que tenían los menores ingresos en 1996? Lo que les pasó fue que en los 10 años siguientes sus ingresos aumentaron en 91 por ciento. Es decir, que casi los duplicaron. Mientras tanto, el promedio de las entradas del 1% de mayores ingresos – supuestamente los ricos que se están haciendo más ricos – disminuyó en 26 por ciento. Ahora bien, ¿qué le pasó a los grupos estadísticos de ingresos? Lo que pasó, por supuesto, fue que la diferencia entre el grupo más alto y el grupo más bajo aumentó. Una razón entre muchas es que el grupo inferior es cero, así que nunca puede bajar más. Por consiguiente, si usted le paga más la gente, en lo que la economía crece y las capacidades se hacen más sofisticadas, obviamente la distancia entre el grupo más bajo y el más alto siempre va a aumentar. La gente sencilla del mundo entero sueña con venir a Estados Unidos. Se guía por la experiencia práctica de los que vinieron antes que ellos y no por las opiniones de los socialistas (“liberales”) americanos. Es paradójico que un jornalero latinoamericano semi-analfabeto comprenda mejor la realidad económica de Estados Unido que los intelectuales demócratas. Argumentan que la evidencia empírica demuestra que el cambio climático es ocasionado, en primer término, por la producción de energía solar, los rayos cósmicos y otras causas naturales. El promedio de las temperaturas globales se ha mantenido estable desde el 2001, pese a que los niveles de CO2 han seguido creciendo a un ritmo constante. Lo más probable es que los esfuerzos costosos y punitivos por reducir el CO2 lograrán beneficios mínimos o no producirán ninguno. Además, afectarán el crecimiento de las plantas silvestres y las cosechas, que es mayor cuando aumentan los niveles atmosféricos de dióxido de carbono. A pesar de todo, los mismos modelos y razonamientos alarmistas se emplean para promover una legislación que rebaje drásticamente las emisiones de dióxido de carbono y establezca sistemas complejos de límites y comercio de derechos de emisión. Los políticos aseguran que la legislación estabilizará un clima que a lo largo de los siglos ha cambiado repetidas veces. La propuesta de ley del senador Jeff Bingaman es la menos draconiana. La agencia que se ocupa de la protección del medio ambiente (EPA) dice que incluso esta propuesta elevaría en 57 centavos por galón los precios de la gasolina, los de la electricidad aumentarían un 20% y el PIB de los Estados Unidos se reduciría en 370 mil millones. Estos sacrificios reducirían los niveles globales de CO2 en un 1.5% en el 2050, y quizás haría descender la temperatura promedio en 0.05 grados. Otras propuestas serían mucho más costosas. El senador Joe Liberman admite que la suya costaría “cientos de miles de millones” de dólares. Otras exigen que en el año 2050 hayamos eliminado el 80% de las emisiones de CO2. Todas las propuestas darían a los burócratas el control de casi todos los aspectos de nuestras vidas. Todas convertirían en un recuerdo distante la energía confiable y asequible, incluso con un programa ambicioso de construcción de plantas de energía nuclear, que repugnan a muchos ecologistas y legisladores. Todas obligarían a la industria a gastar billones de dólares para capturar, distribuir y almacenar el dióxido de carbono. Hay expertos que dicen que el almacenaje subterráneo del CO2 a altas presiones podría provocar terremotos y las roturas podrían ocasionar salideros de gas y asfixias masivas. Para disipar las preocupaciones con los puestos de trabajo y las riquezas que van a parar a China y la India, el gobierno está empujando a estos países a tomar “medidas apreciables” destinadas a reducir las emisiones de CO2. Pero el objetivo verdadero de estos países es reducir la pobreza mediante el crecimiento económico y depurar el aire y las aguas. La catástrofe climática basada en especulaciones no es de mucha prioridad. Los “médicos” del Congreso y de otros lugares que experimentan con nuestros recursos energéticos, con nuestra economía y con las vidas de los ciudadanos deben guiarse por el juramento hipocrático: lo primero, no causar daño. La energía asequible y fiable convierte los derechos protegidos constitucionalmente en derechos reales y oportunidades de mejores trabajos y niveles de vida. La restricción de los suministros de energía conspira contra los derechos civiles ganados. El Congress of Racial Equality (CORE) no va a permitir que los políticos lo hagan. Tampoco usted debía permitirlo. Roy Innis es el presidente nacional del CORE, uno de los grupos de derechos civiles norteamericanos más antiguos y respetados, así como un defensor de larga data de los derechos al desarrollo económico para las familias y comunidades pobres de todo el mundo. Tomado de Townhall.com Traducción: Félix de la Uz |