En defensa del neoliberalismo

Informes desde La Habana…
Rolando D. H. Morelli, Ph. D.

          No debiera asombrar que el más reciente informe desde La Habana sobre la absoluta falta de derechos humanos en Cuba y la posición de reiterada intransigencia de la tiranía ante quienes exigen el reconocimiento y respeto de tales derechos, lo presente la agencia Reuter con el nada ambiguo titular: «Cuba no acepta “chantajes” del opositor en huelga de hambre».

Ya se sabe lo que les permiten escribir —y lo que en muchos casos suscriben a gusto— los periodistas acreditados ante el régimen castrista, pero hasta la complicidad del periodista con un régimen exigiría un límite dictado si no por la dignidad de la persona, y la presunta objetividad informativa, por la sensatez de cierta verosimilitud de que se debe disponer cuando se reportan hechos. Porque una tiranía, cruel y arbitraria como ha demostrado serlo hasta la saciedad la que rige en Cuba desde hace más de cincuenta años, de la rienda de un par de viejos carcamales, cutres, farsantes y ambiciosos de poder absoluto, no puede serle atribuida impunemente a un país, ni en razón de un dislate o por simple convención del género.

No es Cuba quien se halla en condiciones de aceptar o no “chantajes” de ninguna índole, sino su férrea e indiferente tiranía. Cuba, es decir, los cubanos, son (somos) chantajeados de continuo, desde hace más de cincuenta años por los rectores autoproclamados de nuestras vidas y destinos. Se nos chantajea a toda hora y mediante todas las argucias del mundo. El chantaje que padecemos es en verdad nuestro pan nuestro de cada día, de toda circunstancia. Nos chantajea incluso el periodista extranjero al servicio del régimen —o con su anuencia— cuando nos confunde confundiendo a Cuba con sus tiranos. De manera que no, no fue “Cuba” quien declaró este lunes que “no aceptará “presiones ni chantajes” al emprenderla contra el preso político Guillermo Fariñas, en huelga de hambre con otros a través del país, en solidaridad con las exigencias del fallecido Zapata Tamayo en reclamo de que cesen la represión, la arbitrariedad y la brutalidad del sistema penal castrista.

Cuba, de poder hacerlo libremente se pronunciaría porque cesen el chantaje y los abusos perpetrados por el régimen de fuerza imperante. No hay que confundirse ni permitiremos en lo que esté a nuestro alcance, que siga perpetuándose la confusión. Pero aún hay más. El reportaje de prensa desde La Habana, parece hecho con retazos de “Granma” el más oficioso de los periódicos oficiales del bunker isleño. Más que citas para sustentar la información, se trata de una colcha de retazos que parecería transmitir de contrabando la idea oficial que busca venderse al mejor postor.

          Al margen de la función o complicidad del periodista extranjero destacado en La Habana, sin embargo, valdría la pena desenmarañar el compendio de adjetivos con que se busca descalificar la reclamación de justicia y libertad de los cubanos representados y encarnados en Fariñas y muchos otros. “Vendepatrias” con una “conducta antisocial” los llama Granma entre otras lindezas. ¡Vendepatrias! ¿Quiénes han demostrado ser una y otra vez los vendepatrias —los vende Cuba— sino los hermanos Castro y sus acólitos a lo largo de más de medio siglo de intransigencia en la defensa de su derecho de señores feudales?  ¿Quiénes han puesto y vendido al mejor postor la integridad y la dignidad de Cuba sino sus amos reales Fidel y Raúl Castro? ¿Quiénes sostienen en sus manos las riendas y el control absoluto del país sino ellos? ¿A quién o a quiénes pueden tener siquiera la intención de vender la patria los cubanos que carecen de ella porque el amo no comparte ni un ápice de su potestad? En tiempos en que Cuba alboraba en su Historia, cuando los cubanos buscábamos constituir una nación con carácter propio y sentido de soberanía y libertad verdadera, el Capitán General de la colonia Francisco Dionisio Vives y el rey Fernando VII a quien representaba tuvieron igualmente a Heredia y a Varela por traidores, y por “anti-social” su conducta. Es obvio que se trata de parámetros de medir diferentes los que emplean quienes luchan por la libertad y la dignidad del individuo y los que corresponden a sus tiranos, autoproclamados representantes únicos y verdaderos de la nación cubana cuya destrucción física, espiritual y moral es su más monstruosa herencia. ¡Está a la vista que Cuba no debe ser identificada con sus tiranos! Ojo, periodistas.

          «La manipulación es tal [respecto a quiénes son y cuál es la verdadera intención de los huelguistas] —afirma Granma sin precisar de quién procede “la manipulación”— que reportes periodísticos [internacionales] llegan a plantear que el Gobierno cubano ha indicado que se deje morir a este asalariado de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana".  Una sola pregunta: ¿no salta a la vista este propósito que por otra parte busca negarse de la misma declaración de que las autoridades del régimen no “aceptara[n] ‘el chantaje’ del opositor en huelga de hambre”? No negaremos que la tiranía es consecuente con sus presupuestos e intereses. ¿De qué modo puede una tiranía que se respete a sí misma aceptar demandas de ninguna clase por parte de nadie, mucho menos de un siervo de la gleba que ha osado rebelarse contra su poder omnímodo? ¿Es que no se ha ofrecido resistencia a verdaderos poderes como la Unión Europea y organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional, America’s Watch y muchas otras? ¿Cómo se atreve nadie a cuestionar el comportamiento en su propio patio de un tirano, o del favorito de un tirano, o del regente a cargo? ¿Derechos humanos? ¿Y qué hubo del derecho a la autodeterminación y del hacer lo que se le venga en ganas a los todopoderosos del feudo? ¡Y gracias!... (¡Buenos que son a pesar de lo denostados que puedan ser los señores!) Gracias que a pesar de considerar a Fariñas y a todos los disidentes simples “mercenarios” al servicio de los Estados Unidos, éste “ha recibido atención médica calificada”. ¡Vamos, lo mismo que Zapata Tamayo, quien a pesar de eso decidió morirse por puro capricho! Ni siquiera Lula da Silva hubiera podido persuadirlo de abandonar la huelga.

La intransigencia ha de correr a manos del señor del feudo y lo mismo los chantajes de todo tipo. Eso es la ley, lo legal, cuando a uno le ha tocado en suerte nacer y vivir en los predios del señor. ¿Es que acaso no es legal la legalidad? ¿Qué se pretende? ¿Ilegalizar la ley que han dado a sus súbditos los señores del señorío? Existen, además consideraciones de orden ético moral y hasta médico, pura y simplemente. Declara Granma que «existen principios bioéticos que obligan al médico a respetar la decisión de una persona que ha decidido iniciar una huelga de hambre (...)

Por tanto, de ningún modo puede forzársele a ingerir alimentos". Lo dicho: el señor no acepta “chantajes”. Si lo que desea el siervo es morirse de hambre como el único recurso a su disposición para protestar o para exigir alguna mejoría en su situación: pues bien puede morirse. ¡Siervos no faltan! Los hay incluso que se entregan voluntariamente dispuestos a cualquier sacrificio, hasta el de su lucidez y su dignidad. Esos, radican incluso fuera del feudo o vuelven como golondrinas que no compondrán verano de cuando en vez a posarse en los campanarios y torres desvencijados, y agradecidos regresan luego a sus tierras de ultramar piando elogios del feudo en que algunos pocos soberbios —incomprensible como ello pueda parecer— se declaran dispuestos a morir de hambre con la absurda pretensión de que los señores del país se dejen chantajear con sus estrafalarios reclamos de toda clase de cosas. ¡Faltaría más!

Rolando D. H. Morelli, Ph. D. Escritor, académico e intelectual cubano residente en Philadelphia,es asimismo el fundador y director de las Ediciones La gota de agua.

 

 

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