Arde París

 

Joel Kotkin

La respuesta política francesa a los continuos motines se ha centrado fundamentalmente en la necesidad de más comprensión “multiculturalista” de los inmigrantes musulmanes y más gasto público en los sombríos suburbios (banlieues) del país. Lo que ha sido ignorado ha sido el papel del sistema económico francés en la actual crisis. El capitalismo dirigido por el estado puede parecer ideal para sus admiradores americanos como Jeremy Rifkin, autor del “El Sueño Europeo” y otros personajes de la izquierda. Y, sin embargo, es precisamente este sistema fallido el que ha limitado las oportunidades para los inmigrantes y sus hijos. En un país donde la semana de trabajo corta y el retiro temprano son sagrados, hay poco énfasis en crear nuevos empleos y aún menos en estimular la actividad empresarial de base.

Desde los años 70, Estados Unidos ha creado 57 millones de nuevos empleos en comparación con 4 millones en Europa (donde la mayoría de esos trabajos es en el gobierno). En Francia y gran parte de Europa Occidental, el sistema económico está sesgado hacia los ya empleados (la inmensa mayoría blancos nativos) y la creciente masa de retirados. Los que tienen empleo en el estado y las corporaciones disfrutan de semanas cortas y de un retiro temprano y bien financiado. Así que aunque el retiro de gran número de trabajadores debiera de estas abriendo nuevas oportunidades de trabajo, el desempleo entre los jóvenes está creciendo: en Francia el desempleo entre los trabajadores veintiañeros excede el 20%, el doble de la tasa nacional. En los suburbios de inmigrantes, donde la población es mucho más joven, el desempleo promedio llega al 40%, y a más entre los jóvenes.

Para empeorar las cosas, el complejo estado de bienestar social francés – el gobierno gasta aproximadamente la mitad del producto Nacional Bruto en comparación con 36% en EEUU - también obliga a pagar altos impuestos a los trabajadores más jóvenes, en gran medida para pagar por el creciente número de pensionados y de acreedores de beneficios sociales. En este sistema, los incentivos son para trabajar poco, vivir bien y luego retirarse. Los privilegiados del sistema bloquean las oportunidades a la incorporación de los jóvenes.

Afortunadamente, los jóvenes franceses mejor educados y otros europeos continentales pueden escapar del sistema emigrando hacia economías más abiertas como Irlanda, Gran Bretaña y, particularmente, Estados Unidos. Eso es obvio en los campos tecnológicos donde los mejores cerebros desertan masivamente. Actualmente, unos 400,000 graduados en ciencias de la Unión Europea residen en EEUU. Según una reciente encuesta, apenas uno de cada siete piensa regresar. Propulsada por los jóvenes ambiciosos, la inmigración europea de EEUU saltó a 16% en los años 90. Las solicitudes de visas disminuyeron después del 9/11 pero luego aumentaron el año pasado en 10%. El número total de inmigrantes nacidos en Europa aumentó aproximadamente en 700,000 durante los últimos tres años, con un gran número proveniente de la antigua Unión Soviética, Yugoslavia y Rumania, así como de Francia. Estos nuevos inmigrantes se sienten particularmente atraídos por las áreas metropolitanas de California, Florida y Nueva York.

Nueva York tiene lecciones para Francia. Un análisis de las últimas cifras del Censo indican que los inmigrantes a Nueva York son los mayores contribuyentes al crecimiento neto de jóvenes educados en la ciudad, Sin la desproporcionada contribución de los jóvenes inmigrantes europeos, Nueva York hubiera sufrido una salida neta de personas educadas de menos de 35 años a fines de los años 90. En general, ahora hay 500,000 residente de Nueva York que nacieron en Europa (por no mencionar la gran inmigración no europea que vive y prospera en la ciudad).

Esto contrasta con París, donde el centro de la ciudad es prácticamente inaccesible a los inmigrantes. Desde que Napoleón III reconstruyera París, desarraigando muchas comunidades de trabajadores, la intención de las elites francesas ha sido mantener las partes centrales de la ciudad para los ricos, con grandes inversiones de fondos públicos. Esto ha consignado al proletariado, primero blanco y luego crecientemente musulmán, a los suburbios. En estas comunidades, los inmigrantes están efectivamente aislados del elegante centro y de la creciente grand couronne suburbana. Los suburbios externos, que generalmente no está en los mapas de los turistas, ahora son el hogar de un creciente número de familias de clase media, y son la sede de muchas compañías tecnológicas y de servicios.

El contraste con los inmigrantes americanos no podría ser mayor, incluyendo a los de países subdesarrollados, tanto en términos geográficos como económicos. EEUU todavía afronta grandes problemas con una parte de los negros y de los indios americanos. Pero la mayoría de los inmigrantes, blancos y no blancos, han estado progresando considerablemente. Particularmente elocuente, la propiedad de negocios de inmigrantes ha estado creciendo más rápido que entre los americanos de nacimiento. Irónicamente, algunas de las tasas más altas de empresariado étnico en los EEUU pertenecen a los inmigrantes musulmanes, junto con los rusos, los indios, los israelíes y los coreanos.

Quizás nada confirme la movilidad social ascendente de los inmigrantes que el hecho de que la mayoría se haya sumado a la clase media blanca en los suburbios. Estos recién llegados y sus negocios han establecido una poderosa presencia en las áreas suburbanas que ahora está entre las regiones más diversas de la nación. Ejemplos incluyen lo que el demógrafo Bill Frey llamada “los suburbios melting pot”: El Valle de San Gabriel al este de Los Angeles el condado de Arlington en Virginia; el Condado de Essex en Nueva Jersey; y el Condado de Fort Bend en el Houston suburbano. La relación entre esta geografía y la oportunidad para los inmigrantes no es casual. Como otros americanos, frecuentemente los inmigrantes mejoran su calidad de vida y sus perspectivas económicas al moverse a áreas menos densas y de más rápido crecimiento. También pueden aprovechar de gobiernos más amigos de  los negocios. Quizás el caso más extremo sea Houston, un refugio tributario de bajo costo donde el espíritu empresarial de los inmigrantes ha explotado en las últimas décadas. Gran parte de esto ha ocurrido dentro de la ciudad misma. Menos regulaciones, menos zonificaciones, menores precios de las tierras y alquileres más baratos han dado oportunidad para construir negocios y adquirir propiedad.

Es casi inconcebible ver semejante florecimiento del empresariado étnico en la Europa continental. Una dura política tributaria y regulatoria ha jugado un papel decisivo en asfixiar al empresariado. La planificación central tiende a hacer caros los mercados de propiedad y difíciles de penetrar. Si a esto se suma un régimen regulatorio que hace difícil el inicio y la expansión de los pequeños negocios, tenemos una fórmula para el estancamiento económico y el malestar social. Lo que más ayudaría a Francia sería estimular el crecimiento económico y disminuir sus onerosas regulaciones. Esto abriría las oportunidades de empresariado y de empleo para los que ahora están sufriendo la pesadilla de una total falta de oportunidades.

J.Kotkin es el autor de “The City: A Global History” (Modern Library, 2005)

Publicado en The Wall Street Journal

Traducido por AR