En defensa del neoliberalismo
 
 

                                         Pelosi y la confusion moral de los demócratas
 

 

 

David Limbaugh


En medio de nuestra indignación con el intento inconstitucional y, según algunos expertos en asuntos jurídicos, ilegal de Nancy Pelosi de apropiarse de las riendas de la política exterior norteamericana que maneja el presidente Bush, no podemos ni siquiera concederle una tácita aprobación a su desatinada afirmación de que “el camino de Damasco es el camino de la paz”.  

.Al parecer Pelosi cree: a) que el régimen sirio promotor del terrorismo es un gobierno de buena voluntad cuyos líderes son personas razonables y están interesados en resolver las disputas mediante un diálogo pacífico, y b) que es errónea la política estadounidense de aislar a Siria y negarse a negociar con sus dirigentes hasta que renuncien a apoyar el terrorismo. 

¿En qué se diferencia esto de la posición de los liberales en cuanto a las “negociaciones” infinitas con Saddam Hussein?  A ellos no parecía importarles que éste hubiese violado innumerables resoluciones de las Naciones Unidas ni que desafiara abiertamente a los inspectores de armas. Siempre quisieron prolongar el tiempo de la diplomacia y postergar el uso de la fuerza.   

El modo cómo piensan del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad es idéntico. Creen que con él se puede razonar y que es posible dar solución a sus quejas mediante conversaciones.  Nosotros, y no Ahmadinejad, somos los irrazonables por negarnos a entablar conversaciones bilaterales con él.

Esta inclinación liberal a favor de la diplomacia a toda costa se basa en la creencia de que estos dictadores tienen quejas legítimas contra Estados Unidos, de que están listos para negociar de buena fe y de que desean la paz per, simplemente, bajo condiciones que difieren de las norteamericanas.   

 Pero, ¿acaso actúan de buena fe? Ni el gobierno de Bush ni el de Ehud Olmert en Israel se lo creen. Dicen que no tiene sentido negociar mientras Siria apoye y abastezca a nuestros enemigos terroristas en Irak y esté en contubernio con Hamas y Hezbolla.

.Los gobiernos de Bush y Olmert entienden que un terrorista es un terrorista, y que éstos no creen en negociaciones verdaderas en las que ambas partes estén dispuestas a hacer concesiones.  De creer en ellas no serían terroristas.

Si Nancy Pelosi y sus seguidores creen en realidad que Siria tiene aunque sea una mínima y legítima base moral para apoyar organizaciones flagrantemente terroristas, quizás nos podrían hacer partícipes de sus secretas razones.

¿Simpatizan ellos con las causas del presidente sirio Bashar Assad? ¿Creen que lo que es un terrorista para una persona es un luchador por la libertad para otra?  ¿O admiten que Assad promueve el terrorismo, pero piensan que se le puede convencer de que no lo siga haciendo?

 Es sencillamente inescrupuloso que la Pelosi, desafiando la autoridad presidencial, decidiera acercarse a Assad como si éste fuera la persona razonable y Estados Unidos fuese el agresivo e intransigente. Que la Pelosi lo apoyase como posible socio en la búsqueda de la paz parece algo salido de la ciencia ficción norteamericana. .

Una vez más, por mucho que cambie el escenario global, lo que no cambia es la mentalidad liberal. Según la misma, basta la simple diplomacia para tratar con cualquier tiranía. Lo inaceptable es enfrentarlos desde posiciones firmes sin renunciar al uso tácito o explícito de la fuerza.

Los liberales abogaban por darle este mismo tratamiento a nuestro último enemigo global: los comunistas. Siempre plantearon una burda equivalencia moral entre Estados Unidos y la Unión Soviética, sobre todo en lo que toca a la carrera armamentista. Los soviets no eran un régimen maligno empeñado en destruir Estados Unidos y en dominar el mundo. No hacían sino reaccionar defensivamente a nuestra proliferación nuclear... Bastaría dejar de provocarlos y reducir unilateralmente nuestros armamentos para que siguieran nuestro ejemplo….

Incluso después que la historia repudió el enfoque liberal y reivindicó a los conservadores de Reagan, los liberales siguen evaluando de una manera romántica a Mijaíl Gorbachov.  A decir verdad, dan más crédito a éste que a Reagan por la terminación de la Guerra Fría, pese a que Gorbachov fue arrastrado pataleando a su final y a la disolución de la Unión Soviética.

Hay una profunda y errónea concepción moral en la concepción liberal de que el mal puede erradicarse mediante conversaciones y de que los tiranos son personas honorables, susceptibles de acercamientos de buena fe. 

¿Se puede esperar algo diferente de aquéllos que apoyaron a los sandinistas nicaragüenses contra los combatientes por la libertad, que tratan a Fidel Castro como si se tratara de una gran hombre, que creen a los prisioneros de Al-Qaida cuando éstos acusan a los norteamericanos de que los torturan y ni siquiera parecen recordar cuan mala era la situación de Irak en tiempos de Saddam Hussein?

Si creemos que es malo que Nancy Pelosi actúe como comandante en jefe en la sombra, ¿qué ocurriría si alguien de su calaña llegara a ocupar el puesto real?  ¡Dios nos coja confesados!

David Limbaugh, hermano del comentarista radial Rush Limbaugh, es especialista en derecho y política.

Traducción: Félix de la Uz