En defensa del neoliberalismo

 

Peru: ¿Quién se beneficia?
Juan José Garrido Koechlin-

Don David Waisman, Congresista y otrora empresario, ha planteado una demanda de inconstitucionalidad contra la firma del TLC Perú-China. En la visión de don David, la industria local –textil, principalmente- se encuentra hostigada frente a la competencia “deselal” del gigante asiático.

Esta visión no es extraña en nuestros lares; para quién se ha desarrollado bajo reglas autárquicas y proteccionistas, “la manufactura debe estar protegida de prácticas desleales”, término que supone condiciones inmorales o ilegales. En mi opinión, que una empresa apueste a las economías de escala -reduciendo márgenes en determinado mercado a fin de marginar cómodamente en otros- no supone un acto de inmoralidad; parte de la función empresarial es manejarse vía los beneficios agregados corporativos, lo que incluye aprovechar todas las oportunidades globales al alcance de la firma. Para las empresas peruanas que se están internacionalizando, esto será –pronto- una verdad de perrogullo.

En todo caso, sería bueno que Don David –y sus patrocinados- critique por un instante los supuestos beneficios de restringir el libre comercio. Imaginemos que, efectivamente, una empresa de confecciones china practica el dumping localmente. Don David se pregunta: ¿Quiénes se perjudican? Y responde, rápidamente: los empresarios –accionistas- del sector de confecciones local, los trabajadores y otros stakeholders. La reacción natural del proteccionista es construir una barrera al ingreso de dicha producción. No obstante, existen diversas maneras de mejorar la competitividad del sector confecciones sin perjudicar el libre mercado y, de paso, mejorar la competitividad local de manera horizontal: se puede, por ejemplo, desregular el mercado laboral, mejorar la calidad institucional, reducir los costos de formalización, ampliar el stock de infraestructura, mejorar la calidad educativa, entre otros. Dichas mejoras, notémos, incrementan la competitividad de todos los sectores, no sólo aquellos afectados por la práctica en cuestión.

Ahora, no sólo don David debería sugerir éstas mejoras; también podría preguntarse: ¿Y quiénes se beneficían de la práctica china? Pues, en primer lugar, los consumidores del producto final. Millones de peruanos –e intuyo que Don David es uno de ellos- se benefician del ingreso de estas prendas, las cuales aumentan el portafolio de opciones, a mejores precios y –a veces- con mejor calidad. Y si profundizamos aún más, observaríamos que los más beneficiados son aquellos peruanos de menores ingresos, para quienes el precio es el vector –en la toma de decisión- de mayor relevancia.

Ahora, pregunto ¿Quién se beneficia con ésta demanda? El proteccionismo sólo ha servido, históricamente, a un grupete de incompetentes empresarios y, de pasadita, ha beneficiado a uno que otro político profesional.

Ojalá don David, sus patrocinados y el Tribunal Constitucional recapaciten en esto.

* Juan José Garrido Koechlin es economista, fundador y Presidente Ejecutivo del Instituto Acción

 

 

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