En defensa del neoliberalismo

 

¿Fractura republicana?

 

Rush Limbaugh

Me encanta ser un conservador. Los conservadores estamos orgullosos de nuestra filosofía. A diferencia de nuestros amigos liberales, que siempre están buscando nuevas formas de esconder sus verdaderas creencias y viven reinventándose constantemente, nosotros los conservadores no tenemos que ocultar nuestros ideales. Confiamos en nuestros principios y nos sentimos llenos de energía para promoverlos. Creemos en la libertad individual, en el gobierno limitado, en el capitalismo, en el imperio de la ley, en la fe, en una sociedad que no distinga entre las razas ni las etnias, y en la seguridad nacional. Apoyamos el derecho a poder escoger la escuela en la que estudien nuestros hijos, las rebajas de impuestos, la reforma del welfare, las iniciativas basadas en la fe, los derechos de los propietarios y la guerra contra el terrorismo. Y abrazamos y celebramos el documento de gobierno más grande que se haya hecho nunca: la Constitución de Estados Unidos, Junto con la Declaración de Independencia, que reconoce nuestro derecho natural, concedido por Dios, a ser libres, es el fundamento sobre el que hemos construido nuestro gobierno y que nos ha permitido florecer como pueblo.

Nosotros conservadores nunca nos sentimos más fuertes que cuando estamos promoviendo nuestros principios. Y esa es la naturaleza de nuestro actual debate sobre la nominación de Harriet Miers. ¿Respetará la Constitución? ¿Será una originalista que aceptará el limitado papel del poder judicial para interpretarla y defenderla, y dejar a las ramas electivas - que somos nosotros,  el  pueblo – establecer la política nacional? Dados los extraordinarios poderes que el Tribunal Supremo le ha confiscado a las partes representativas de nuestro gobierno, esto no es nada trivial. Roe vs. Wade fue un claro ejemplo de ese activismo judicial: independientemente de la posición que uno tenga sobre el aborto, nueve magistrados no electos ni responsables antes nadie simplemente carecen de la autoridad constitucional para imponerle a la nación sus opiniones a favor del aborto. La constitución sólo le da poder al pueblo, a través de sus representantes electos en el Congreso o las legislaturas estatales, para tomar esa decisión.

El aborto es sólo una de las muchas áreas en las que nueve abogados en togas han impuestos sus preferencias políticas sobre el resto de nosotros. La corte les ha conferido derechos para debido proceso legal a terroristas detenidos en Guantánamo y beneficios a inmigrantes ilegales. Ha fallado que la pornografía infantil por Internet es un derecho protegido a la libre expresión pero que ciertos anuncios transmitidos antes de las elecciones son ilegales; ha sostenido que los 10 Mandamientos no se pueden desplegar en los edificios públicos pero que se pueden desplegar fuera de ellos; y la alta corte ha inventado razones para burlar la constitución, como usar leyes extranjeras para echar abajo estatutos sobre la pena de muerte para menores en más de una docena de estados. 

Durante décadas los conservadores han considerado el abuso judicial como una amenaza directa a la constitución y a nuestra forma de gobierno. Los fundadores no crearon una oligarquía judicial. Crearon una republica representativa. Nuestra oposición al activismo judicial es profunda. Hemos visto en demasiadas ocasiones como nuestros presidentes republicanos han nominado candidatos equivocadas a la corte y queremos más seguridades en esta ocasión, queremos algunas pruebas. La izquierda, por otra parte, ve la corte como la única forma de promover la agenda del gran gobierno. No puede ganar elecciones nacionales si plantean abiertamente su agenda. Así que tratan de imponer sus puntos de vista por fiat judicial. Es hora de detener esto. Y es eso lo que muchos de nosotros confiábamos y esperábamos de la nominación del presidente.

Algunos comentaristas liberales consideran que el apasionado debate entre los conservadores por la nominación de Miers es como una “fractura” de la derecha. Están entusiasmados por las “divisiones” en la base conservadora del Partido Republicano. Están pronosticando desastres para el resto del período presidencial y una verdadera catástrofe para las posibilidades republicanos del 2006. Como siempre, los liberales no comprenden a los conservadores  y nunca los van a comprender.

La nominación de Miers muestra la fuerza del movimiento conservador. Esto no es ninguna “fractura.” Es una ofensiva. Los conservadores estamos unidos en nuestros objetivos. Y estamos organizados para promoverlos. El objetivo del debate sobre Miers es garantizar que estemos haciendo lo más posible para mover la nación en la dirección correcta. Y a fin de cuentas, vamos a estar más fuertes y más centrados en nuestra agenda y en derrotar los que quieren obstruirla, justo a tiempo para 2006 y 2008. Que nadie se olvide que varios años antes de las elecciones de 1980, tuvimos batallas muy duras dentro del Partido Republicano. El resultado fue que Ronald Reagan ganó dos avalanchas electorales.

La verdadera fractura ya ha ocurrido, ¡en la izquierda!  El Partido Demócrata ha sido secuestrado por atavismos de los años 60 como Howard Dean; billonarios excéntricos como George Soros; y fanáticos de la Internet como los de Moveon.org. Ha nominado a John Kerry, un notorio activista anti-guerra de la era de Vietnam como su portaestandarte. Sus principales portavoces son viejos extremistas como Ted Kennedy y nuevos propagandistas como Michael Moore. Su gran esperanza presidencial es una de las figuras más divisivas de la política americana: Hillary Clinton. Y su hijo favorito, Bill Clinton, ha sido expulsado de su Colegio de Abogados.

El Partido Demócrata de hoy está dividido en relación con la guerra y con toda una serie temas sociales, como el matrimonio homosexual y el aborto de nacimiento parcial. Quiere subir los impuestos pero no se atreve a decirlo. No puede decir que mensaje llevar al pueblo americano y como hacerlo.  Hasta sus viejos aliados de la gran prensa no son tan influyentes promoviendo el partido y su agenda como lo fueron en el pasado. Los nuevos medios, la radio, la Internet y la TV por cable, no sólo tienen una creciente audiencia sino que han ayudado a exponer los prejuicios y falsedades de la gran prensa liberad: Dan Rather, CBS News y los falsificados documentos de la Guardia Nacional. De aquí que su circulación y su público sigan bajando.

La izquierda americana está empantanada tratando de repetir la historia de sus supuestos años de gloria. Esperan que la gente vea Irak como otro Vietnam, toda la administración de Bush como otro Watergate, el huracán Katrina como la Gran Depresión. Y lo peor no es que miren el pasado como su salvación sino que sigan engañándose ellos mimos. Ninguna de sus comparaciones es verdadera. Mientras tanto, nosotros, los conservadores, seguimos concentrados en hacer la historia.

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Rush Limbaugh es el comentarista radial más importante de EEUU. Su audiencia se calcula en unos 20 millones de radioyentes.

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Publicado en The Wall street JournalTraducido por AR

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