En defensa del neoliberalismo

 

Hoy, compré un cerdo

 

Luis Tornés Aguililla
Laon. marzo 2003.

Hoy, bien tempranito, me fui a la finquita de un amigo francés, una de esas fincas típicas del norte de Francia que parecen  fortificaciones, lo fui a ver para que me dejara escoger un cerdo que voy a matar en mayo pues vienen a casa unos cubanos  de Montréal a pesar de que les digo que no vengan, que no tengo dinero y que pasarán hambre pero como sé que de todos  modos vendrán pues ya me adelanto y aseguro con tiempo al menos una parte de la intendencia.

Mientras caminábamos envueltos en el vaho sabroso que exhalan quinientos cerdos encerrados en una nave, este guajiro,  francés y amigo – calificativos raramente convergentes- se me quejaba de que la nueva política agrícola de la Unión  Europea le impone normas draconianas de cultivo y cría so pretexto de protección del medio ambiente cuando en realidad  esas normas son un método solapado para limitar progresivamente la capacidad productiva de la agricultura francesa y así  poder abrir el mercado europeo a los nuevos países que pronto se integrarán a la Unión. Tal es el caso de un país agrícola  como Polonia y como aquí en Francia no se sabe de un polaco vago pues los campesinos franceses ven con cierto terror la  entrada de esos tíos en la gran ronda de la producción agrícola continental.

En Francia, la limitación de la producción agrícola llega a tal punto que el estado obliga a que se dejen en barbecho cientos  de miles de hectáreas cada año ( en este año 2003 también) y después controlan al guajiro gracias a los satélites que  toman fotos para verificar que éste limitó su cultivo tal y como le ordenó el estado. (en este caso, el estado francés hace las  veces de guardia rural de la Comisión Europea) ¿ Qué decir de la producción de leche ? : recuerdo que el año pasado vi a  un guajiro francés metiéndole candela a su casa de la rabia que sintió porque unos inspectores vinieron a su finca a  obligarlo a que botara una pipa llenita de leche de vaca que no le dejaban vender, ni hacerla queso ni nada, ¡ Tuvo que  echarla al desagüe ! y yo pensando en los nuestros, allá en Tranquilandia, donde los muchachos muchas veces se van a la  escuela sin tomarse aunque sea un vaso de leche.

En Francia, para morirse de hambre hay que ser mago o cretino y lo más gracioso es que este país puede dar de comer a  200 millones de personas cuando la población actual es a lo sumo de 62 millones. Ese desarrrollo exponencial de la  capacidad tecnológica y de la capacidad productiva van íntimamente ligadas al hecho de que de 1796, año de la  normalización de la situación insurreccional, hasta nuestros días, el estado nunca ha tratado de romper el aparato  productivo mediante nacionalizaciones absurdas por oscuras razones ideológicas o para perpetuar a tal o tal tiranosaurio en  el poder. De Bonaparte a De Gaulle, más de un siglo y medio, la agricultura francesa mejoró constantemente porque la  intervención del estado fue sistemáticamente animadora y positiva contrariamente a lo que ocurre en otras partes del  mundo……..

Me viene a la memoria el recuerdo de las lechugas en mi querida ciudad de Camagüey, lechugas que se perdieron de la  vista pública después que la Banda Armada " nacionalizó " a los cuatro chinos que vivían en Camagüey los pocos solares  que éstos cultivaban. ¡ Se acabaron las lechugas y las verduras en Camagüey !. Se acabaron a manos de la lucha contra  los " rezagos-infames-del-capitalismo-brutal ".

Al final de la mañana, escogí mi cerdo y le pusimos la presilla en la oreja para poderlo identificar en mayo, pagué por  adelantado y me marché de la finca con intención de contarles lo que acaban de leer.         

CAMPAÑA CUBANA POR LA LIBERTAD DE PRISIONEROS DE CONCIENCIA

"Acuérdate de los presos como si tú también lo estuvieras"   Hebreos 13-3