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Una decisión inexplicable
¿Cómo se justifica la decisión por nuestro gobierno de juzgar en New
York como criminales comunes, a los terroristas, criminales de
guerra, garantizándoles los mismos derechos que se utilizan con los
ciudadanos del país? Los defensores de esta acción argumentan que
será una demonstración al mundo de lo positivo en nuestro sistema de
justicia y que se ganará el respeto y cooperación hacia nosotros. El peligro de que información confidencial se haga pública, con detrimento a nuestra seguridad nacional, la oportunidad de ofrecer un forum mundial a los terroristas a que nos ataquen y recluten mas de nuestros enemigos hace aun más dudosa la motivación de este acuerdo. ¿Por qué nuestro ejecutivo, que negó a un Micheletti hondureño su derecho de defensa, negando su entrada al país y evitando su habilidad de expresión, actúa de forma totalmente contraria ante terroristas? ¿Será que es una forma de atacar nuevamente al gobierno anterior de Bush, exponiéndolo a un juicio indirecto? ¿Será un deseo de convertirse en una figura popular mundialmente? ¿Será un problema de ideología? No sé, para mi es inexplicable. Cuando el Vicepresidente Jorge Rodríguez pierde el gallo atizando cínicamente sus tergiversaciones de la realidad, cuando el Tribunal Supremo de Justicia, encabezado por la Magistrada Luisa Estela Morales, dicta sentencias que traducen en términos legales las órdenes impartidas a voz en cuello por el propio Presidente, cuando el Ministro de Interior y Justicia Pedro Carreño miente descaradamente sobre las estadísticas criminales, cuando el Gobernador Acosta Carlez obliga bajo amenaza a los funcionarios a inscribirse en el partido único, cuando el Alcalde Mayor Juan Barreto viola, paquidérmico y soez, la autonomía municipal de otros alcaldes, cuando el diputado Carlos Escarrá filibusteramente tuerce la letra de la ley, cuando el moderador Mario Silva, sin el menor respeto por la dignidad humana, descuartiza con servil villanería a sus enemigos, cuando el General en Jefe Raúl Baduel deshonra a la Fuerza Armada con su pusilánime incondicionalidad, poniéndola de rodillas ante su comandante y enfrentándola al pueblo, cuando los borregos colorados gritan y se golpean la palma de la mano derecha con el puño izquierdo, cuando el malandraje tarifado del gobierno impunemente agrede a los disidentes, el pestilente pus del encono y la ignominia, fermentado durante largos lustros en ese pozo séptico deliberadamente destapado por la pérfida mano de su líder, impregna de tal modo el aire que me provoca náuseas. Es, por lo demás, una desgracia que algunos países del vecindario latinoamericano, así como algunos otros de la Unión Europea, tengan gobernantes capaces de enajenar los principios democráticos de sus pueblos rindiendo pleitesía al despotismo, comportándose con impúdica avaricia, o con pedante indiferencia. Todavía peor es la actitud de un hombre como Insulza, que, irresponsablemente y sin remordimiento, empaña la misión de la muy deslucida Organización de Estados Americanos, cuyos dictámenes usa el dictador para abanicarse.
Hay quienes, por ingenuidad o por temor, aún no se atreven a admitir
que la República venezolana ya no es un Estado de derecho, que no
existe autonomía entre los Poderes Públicos, que las instituciones
han sido secuestradas, que Hugo Chávez dispone a su antojo del
Tesoro Nacional sin rendir cuentas a nadie. Pocos son los medios
dispuestos a informar que los empleados públicos son explotados por
el Estado en funciones ajenas a sus labores, forzándolos a asistir,
en horario de descanso, a los mítines del locuaz mandatario, a
trabajar en jornadas de ideologización y proselitismo, y a entregar
un porcentaje de su salario a la causa revolucionaria. Menos son aún
los que reconocen que aplican la autocensura para evitar que los
sancionen o clausuren.
Eso sólo sucedió en 1998. A partir de entonces, no hay un venezolano,
ni siquiera chavista, capaz de poner sus manos en el fuego para
asegurar que el hombre que despacha con ínfulas mesiánicas y
ambición imperialista desde Miraflores, ocupa legítima y legalmente
la silla presidencial. lilianafasciani@yahoo.es
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