En defensa del neoliberalismo

 

Desinformación sobre jueces ó desinformación judicial

 

Thomas Sowell

El futuro del sistema político y legal de este país podría estar en juego. Utilizando tácticas dilatorias y obstruccionistas, los demócratas del Senado han podido impedir que el Senado pudiera votar sobre varios candidatos del presidente Bush para la judicatura federal. Ahora, una vez más, dos de ellos están siendo considerados para una votación. Ambos, actualmente, son magistrados de sus respectivas Cortes Supremas estadales, la jueza Janice Rogers Brown de California y Priscilla Owen de Texas.

¿Por qué es tan importante esta votación?

Es importante, en primer lugar, porque se trata de si al Senado se le permitirá votar, a favor o en contra, para cumplir con su deber constitucional de “aconsejar y aprobar” los candidatos judiciales del presidente.

Los demócratas están empeñados en prevenir una votación. La gran pregunta es si los republicanos se acobardarán. Los republicanos del Senado tienen los votos, pero la pregunta es si tendrán las agallas. Indudablemente habrá un costo político que pagar si los republicanos obligan al Senado a cambiar las reglas para prevenir que los demócratas obstruyan la designación de los magistrados. Pero, ¿en dónde  hay algo meritorio que no tenga costo?

No se trata de que dos personas estén siendo propuestas para ser jueces federales. Se trata del papel que desempeñan los jueces en una república autónoma y soberana. Los votos de los electores valen cada vez menos si los  jueces arrancan cada vez más decisiones de las manos de funcionarios electos y las substituyen por sus políticas preferidas bajo el pretexto de “interpretar” las leyes.Jueces que deciden casos basados en el simple significado de las palabras escritas en las leyes, como los magistrados Brown y Owen, podrían ser lo que el público quiere pero tales jueces son anatema para los liberales americanos.

Los tribunales son la última esperanza de imponer la agenda liberal porque los liberales americanos no pueden conseguir suficientes votos para controlar el Congreso o la mayoría de las legislaturas estadales. Ahora bien, jueces que no son electos pueden pasar por sobre la voluntad de los electores y decretar los dogmas liberales como ley suprema de la nación.Los liberales no quieren que eso se acabe.El daño hecho por el activismo judicial se extiende más allá de las políticas particulares que suelen haber llamado la atención de los jueces. La improvisación judicial crea un gran área de incertidumbre, haciendo de la ley una trampa para la gente honesta y una bonanza (o oportunidad) para los inescrupulosos.

Ya se ha lanzado una campaña de desinformación para presentar como “activistas” conservadores a los jueces que creen en seguir la ley escrita. Es muy difícil que los que juegan este juego de equivalencia verbal pueden encontrar ejemplos concretos donde jueces conservadores hayan dado veredictos directamente opuestos a lo que dice la ley escrita, o para los que no haya ley escrita.

Mientras tantos, nada es más fácil que presentar ejemplos de ese tipo entre los activistas liberales judiciales que han tomado decisiones basadas en “estándares en constante evolución”, “la opinión del mundo” o otros tales argumentos plausibles, dignos del Mago de Oz.“No pongan atención a ese hombre detrás de la cortina” decía el Mago, y “No ataquen a nuestros jueces” dicen los liberales.

Incluso algunos republicanos conservadores han caído en esta retórica. El antiguo abogado del Presidente Bush, Theodore Olson, condenó recientemente los “ataques personales” a los jueces y de alguna manera agrupó a esos críticos con los criminales que han cometido actos de violencia en contra de los jueces o sus familiares.

Criticar la conducta oficial de alguien no es un “ataque personal”. Ni tampoco la crítica se comparar con la violencia. Un poder judicial independiente no significa jueces independientes de la ley. Como tampoco el imperio de la ley no significa lo mismo que el imperio de los jueces.

¿Quién intentó este jueguito de asociación para culpar a los críticos de la administración Reagan cuando trataron de asesinar al presidente? Nadie lo hizo.La otra tergiversación de la gran prensa liberal americana y de los políticos liberales es decir que no debemos reducir el poder de los jueces sólo porque toman “decisiones que no nos gustan.” No es cuestión de gustos. La objeción real es tomar decisiones sin base en la leyes escritas o incluso contrario a lo que dicen las leyes escritas.

Sabemos que las manipulaciones y la tergiversación sólo aumentarán si los jueces activistas empiezan a ser reemplazados por jueces que siguen lo que dice la ley. Ese es el costo político que hay que pagar. Estar dispuesta a hacer lo correcto sólo cuando no represente costo alguno, es la auténtica definición de la cobardía

Traducción Alfonso Colombano.