En defensa del neoliberalismo

 

La sombra de Hoover

 

Adolfo Rivero Caro

La campaña del senador Kerry insiste en que bajo el gobierno del presidente Bush se han perdido más empleos que bajo ningún otro gobierno americano desde los tiempos de Herbert Hoover y la gran depresión. Una afirmación de esta naturaleza obliga a pensar que tiene un profundo menosprecio por la inteligencia del público americano. Esto es como criticar a Kennedy por haber dejado esperando a 10,000 personas que lo aguardaban el día que lo mataron. La afirmación podrá ser cierta, pero carece de sentido porque ignora las circunstancias. Kennedy no pudo ir porque lo habían asesinado. Bajo el gobierno de Bush se perdieron muchos empleos. Por supuesto. Fue bajo su gobierno que se produjeron los atentados del 11 de septiembre.

Es asombroso que los asesores políticos republicanos dejen pasar impunemente estas estupideces. ¿O será realmente muy astuto por parte del senador Kerry creer que no vamos a saber vincular los ataques del 11 de septiembre con la situación económica del país? No lo sé. En todo caso, es bueno recordar que la primera consecuencia de los ataques del 11 de septiembre del 2001 fue el cierre de la bolsa de Nueva York. Todos sabemos el enorme componente psicológico que tienen las acciones. Pues bien, la total confianza en la seguridad y en la confiabilidad de la nación más rica del mundo se derrumbó junto con las torres gemelas. ¿Qué incalculables consecuencias económicas tuvo este fenómeno? Y no sólo esto. La industria aeronáutica quedó paralizada. Por primera vez en la historia de este país, dejó de haber tráfico aéreo sobre Estados Unidos. Hay que detenerse a reflexionar, aunque sea un minuto, sobre la enormidad de este hecho. Durante los meses posteriores, los viajes aéreos se redujeron al mínimo. Todos recordamos que los aeropuertos estaban desiertos. Y esto se tradujo en el colapso de nuestra enorme industria turística. En los siguientes cuatro meses, la economía perdió 1.172,000 empleos. La mayoría de las empresas privadas y estatales de la nación se vieron recargadas con sustanciales e inesperados gastos para reforzar su seguridad. ¿Cuánto le costaron a la economía de EEUU los ataques del 11 de septiembre? ¿Un billón de dolares? ¿Más? En estas circunstancias, es obvio que innumerables empresas sólo pueden mantenerse lucrativas rebajando drásticamente sus plantillas. Por favor, ¿qué tiene esto que ver con Herbert Hoover y la gran depresión? En realidad, la única relación que tiene es justamente al revés de lo que dice Kerry.

Uno de los momentos cruciales del siglo XX fue el crash de Wall Street de octubre de 1929. La gran expansión producto de las rebajas de impuestos de Coolidge terminó en septiembre de 1929. (Herbert Hoover había sido electo en 1928.) La razón fue la nueva ley de tarifas Smoot-Haweley. En su época, el fenómeno no fue comprendido por los economistas. No satisfecho con haber vuelto a subir las tarifas a los niveles de 1913, el Congreso de EEUU elevó las mismas a niveles que sorprendieron los mercados y bloquearon el comercio mundial. Puesto que Estados Unidos se había convertido en una nación acreedora, la disminución del comercio les impidió a nuestros deudores ganar lo suficiente para poder pagar sus deudas o sus inversiones en el exterior. El crash bancario de 1930 provocó la quiebra de miles de empresas en Estados Unidos y lanzó a millones de hombres al desempleo.

Kerry acusa absurdamente a Bush de las pérdidas de empleos provocadas por los ataques del 11 de septiembre. Más absurdamente todavía, las compara con las provocadas por un fenómeno tan distinto como la gran depresión. Ahora bien, ¿qué propone Kerry para acelerar la recuperación económica del país? ¿Revocar las rebajas de impuestos y echar abajo los acuerdos de libre comercio? Qué ironía. Esa fue justamente la política de Herbert Hoover. El Partido Demócrata se ha convertido en el gran campeón del proteccionismo, y el proteccionismo americano es uno de los grandes frenos al crecimiento económico de América Latina y del mundo subdesarrollado.

En realidad, lo verdaderamente asombroso ha sido la rapidez con que la economía americana se ha recuperado de un ataque tan devastador. Nadie que no esté cegado por la pasión partidista puede creer que Bush haya sido responsable por la catástrofe económica que significó el 11 de septiembre. De lo que sí ha sido responsable es de la extraordinaria recuperación de nuestra economía. Recuperación que ha sumado 1.686,000 empleos en los últimos doce meses. Y lo ha conseguido con su audaz rebaja de impuestos y con su insistencia en el libre comercio que, pese a sus inconsistencias, alienta y estimula los mercados. La política de Bush ha puesto el país en vías de una formidable expansión económica. Lo único que ha conseguido frenarla, aunque sólo sea limitada y momentáneamente, ha sido el brutal aumento de los precios del petroleo. (¿A qué no recuerdan quiénes fueron los que se negaron a extraer petróleo en una reserva de Alaska porque eso podía podía perjudicar al caribú?)

No hay que ser ningún genio para comprender que uno de los principales objetivos de los terroristas es trastornar la producción petrolera. Sueñan con que hacer subir artificialmente los precios del petróleo pudiera descarrilar la recuperación de la economía americana y crear un ambiente adverso a la reelección de su enemigo público número uno. Sueñan con conseguir así, indirectamente, un efecto Madrid. Es cierto que el pueblo americano nunca le echaría la culpa a su gobierno por los crímenes de Al Qaeda, pero una combinación más sutil de terrorismo externo y demagogía partidista interior pudiera tener consecuencias prácticas similares. Es penoso que las alegrías y esperanzas de Kerry sean directamente proporcionales a nuestras desgracias en tiempo de guerra. En todo caso, pretender olvidar el 11 de septiembre para poder comparar la situación actual de EEUU con la gran depresión es un insulto a la inteligencia del pueblo americano.