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Una nueva mezquita en Nicaragua genera polémica
Steve Stecklow
MANAGUA, Nicaragua—En un país con sólo unos 300 musulmanes, fue todo
un misterio cuando una gran mezquita apareció de la nada en un
barrio residencial.
¿Quién pagó por ella?
Pronto empezaron a circular rumores en Managua sobre el gobierno de
Irán. Su presidente, Mahmoud Ahmadinejad, que es musulmán, y el
mandatario de Nicaragua, Daniel Ortega, que es católico, dicen que
comparten una afinidad revolucionaria. Como parte de su esfuerzo
para demostrar que Irán es una superpotencia mundial, Ahmadinejad y
su gobierno prometieron en 2007 y 2008 invertir US$1.000 millones en
Nicaragua, un país con 5,7 millones de habitantes, incluyendo una
nueva ciudad y un puerto de aguas profundas en una remota jungla en
la costa atlántica.
A pesar de todo, las autoridades locales dicen que no han escuchado
una palabra sobre el proyecto desde que una delegación iraní fue
encarada por furiosos vecinos o que de hecho ninguna de las
inversiones anunciadas se ha materializado.
El murmullo geopolítico alrededor de la mezquita de cúpula dorada,
que fue inaugurada en septiembre tras más de un año de construcción,
continúa. "¿Irán puso el dinero? Esa es la pregunta que se hace todo
el mundo", afirma Ismat Khatib, un abogado y empresario nicaragüense,
descendiente de palestinos. Un diplomático basado en Managua afirma
que se cree que Irán la subsidió.
Pero Khatib, que es el tesorero de la Asociación Cultural Islámica
Nicaragüense, que supervisa la mezquita, insiste en que el gobierno
iraní no contribuyó ni con un córdoba, la moneda local. De hecho,
afirma que lo único que realmente prometió donar el gobierno fue una
gran alfombra especial para la sala de plegarias de la mezquita, y
que nunca llegó.
Steve Stecklow/The Wall Street Journal
La nueva mezquita en Managua
"Esta es la versión real, afirma Khatib. "Puedes terminar el
misterio con esto".
No es tan así. La especulación también rodea a quienes han estado
rezando en la mezquita, que ofrece cinco servicios diarios, que
comienzan a las 4.30 de la madrugada.
"Todos los talibanes", señala William Martínez, un peluquero de 24
años que trabaja en Le Moustache, una peluquería enfrente a la
mezquita. Natalie Meléndez, una cajera en la tienda de alquiler de
video Veo-Veo, en la esquina, ofrece una versión diferente. "Hay dos
clases de personas en la mezquita", afirma, con autoridad. "Los
árabes y los iraníes".
Los musulmanes, en particular los palestinos, comenzaron a emigrar a
Nicaragua hace décadas y establecieron una cantidad de negocios aquí,
en especial en el comercio de telas. Pero debido a que son tan pocos,
su religión es ajena a la mayoría de los nicaragüenses, que en su
mayoría son católicos o cristianos evangélicos. Aquí muchos se
refieren a los musulmanes o los oriundos de Medio Oriente como
turcos, y no parecen saber casi nada sobre sus creencias religiosas.
"Le rezan al dios de la luna, así que sólo se reúnen de noche",
afirma Meléndez.
Steve Stecklow/The Wall Street Journal
Ismat Khatib, empresario nicaragüense y tesorero de la Asociación
Cultural Islámica
En una entrevista, Fahmi M. Hassan, un comerciante de telas y
presidente de la asociación cultural islámica, intentó derribar
algunos de los mitos que rodean a la nueva mezquita, que según
afirma costaría alrededor de US$600.000.
Hassan —quien afirma que los musulmanes de Nicaragua son en su
mayoría palestinos, jordanos y paquistaníes transplantados— se burló
de los rumores de que Irán pagó por la mezquita. Asegura que la
embajada iraní en Managua causó el enojo de la comunidad musulmana
local alrededor de un año atrás, cuando intentó competir con su
asociación islámica al crear una entidad similar con un nombre casi
idéntico: el Centro Cultural Islámico Nicaragüense.
"No fue nadie", afirma, y señala que los musulmanes de Nicaragua son
de la rama sunita de la fe islámica, mientras la mayoría de los
iraníes pertenecen a la rama chiíta, más pequeña. Los conflictos
entre las dos principales sectas islámicas se remontan a los
primeros días de la religión y a una disputa sobre quién debería
suceder al profeta Mahoma como líder musulmán.
Hassan indica que el centro iraní cerró tras unos pocos meses. Pero
aún considera un amigo al embajador iraní en Nicaragua, Akbar
Esmaeil Pour. De hecho, afirma, algunas veces el diplomático fue a
la vieja mezquita de Managua —ubicada en una pequeña casa a sólo
unas cuadras de una zona de tiendas de telas— a rezar. Pour rechazó
el pedido de entrevista.
Entonces, ¿quién pagó por la mezquita?
Hassan dice que el principal financista fue un empresario paquistaní
que vive en Honduras. Después de ver lo pequeño que era la vieja
mezquita, el hombre se ofreció a ayudar a financiar una nueva en un
terreno comprado varios años antes por musulmanes locales, afirma
Hassan. "Pagó unos US$350.000 y el resto fue pagado por la comunidad
[musulmana] en Nicaragua".
Hassan identificó al donante como Yusuf Amdani. Contactado por
teléfono en Honduras, Amdani, presidente ejecutivo de Grupo Karim's,
una empresa textil y de construcción con sede en Honduras y México,
dijo: "No hay ningún misterio sobre la mezquita".
Amdani confirmó las declaraciones de Hassan, diciendo que la
compañía, que también financió la única mezquita en Honduras, acordó
pagar por el nuevo centro religioso en Managua, aunque redujo los
planes originales. También dijo que financió un edificio anexo que
incluye una escuela y un departamento para el imán, e indicó que el
gobierno iraní podría haber ayudado a financiarlo.
"No dudaría que hayan dado algo de dinero para ayudarles", señaló. "Yo
diría que deben haberlo hecho".
Khatib dice que su familia pagó por el anexo. |