En defensa del neoliberalismo

 

Las preguntas que es necesario hacer

 

David Horowitz

Un lema favorito de los grupos contra la guerra es “La guerra no es la respuesta.” Y, sin embargo, todo el mundo, con la excepción de algunos pacifistas a ultranza, estaría de acuerdo en que si la guerra es o no la respuesta depende de la pregunta. En algunos contextos, no cabe duda de que la guerra es la respuesta correcta.

Lo mismo puede decirse de las dos preguntas que dominan la actual campaña presidencial. ¿Estamos ahora más seguros que cuando el 9/11? ¿Fue un error la guerra en Irak? Los partidarios del presidente Bush responderán sí a la primera y no a la segunda; los partidarios del senador Kerry responderán al revés.

Como un partidario de la guerra y del presidente, he observado que los pesimistas siempre omiten lo mismo. No reflexionan sobre qué hubiera sucedido si hubiéramos actuado en forma diferente.

Al defender la alegación de Kerry de que ésta es la guerra equivocada, en el lugar equivocado y en el momento equivocado, William Saletan escribe en un reciente artículo: “¿Como se le pide a un hombre que muera por un error? En el fondo, esto lo resume todo: este debate, esta guerra, estas elecciones.”

Como lo muestra Saletan, es fácil argumentar que fue un error si uno simplemente mira la guerra y la situación actual. La guerra no se ha ganado. Mil americanos y muchos iraquíes han muerto.  La situación en Irak es mala. El precio de esa mala situación es de $200,000 millones. ¿Cómo es posible que no haya sido un error?

Este cálculo, sin embargo, omite dos columnas cruciales: el costo de no haber librado esta guerra; y lo que podemos conseguir si continuamos la guerra hasta que ganamos.

Si no hubiéramos invadida a Irak, Saddam Hussein todavía estaría en el poder; Abu Musab al-Zarqawi estaría al frente de un ejército de Al-Qaeda en la parte norte de Irak; la 17ma resolución de Naciones Unidas ordenando a Saddam cumplir sus compromisos o atenerse a las consecuencias hubiera sido exitosamente desafiada, la mayor fábrica de armas químicas del Tercer Mundo, en Libia, estarían todavía funcionando junto con una moderna planta de armas nucleares (ambas ahora cerradas), y ¿que estarían hacienda las fuerzas terroristas – los Zarqawis y Zawahiris – frente al apaciguamiento de la comunidad internacional? Esa es, por supuesto, la pregunta que Saletan y Kerry no pueden responder.

Para ser justos, intentaron responder una. En el primer debate presidencial, Kerry dijo que la guerra de Irak había sido una “diversión” de la guerra contra el terrorismo (aunque no explicó como Zarqawi que está radicado en Irak pudo haber sido exiliado por una guerra en Afganistán). En cuanto a Irak, “Nosotros hubiéramos tenido sanciones. Nosotros hubiéramos tenido inspectores de Naciones Unidas. Saddam Hussein se hubiera estado debilitando continuamente.” Pero la única razón por la que había inspectores de la ONU en Irak era porque la administración de Bush había puesto 200,000 tropas en la frontera iraquí en preparación de una confrontación decisiva, y eso fue lo que obligó a Saddam a dejarlos entrar. ¿Alguien realmente se puede imaginar que nosotros hubiéramos podido mantener 200,000 soldados americanos en el desierto indefinidamente mientras Saddam Hussein seguía jugando el mismo juego del gato y el ratón con los inspectores que había estado jugando desde 1991? ¿O que se hubiera debilitado aunque no hubiéramos actuado cuando se cumplió el plazo que le dio el Consejo de Seguridad, y que había sido aprobado por unanimidad?  ¿Es que alguien realmente puede creer que las sanciones eran un instrumento eficaz con el que hubiéramos podido debilitar a Saddam Hussein cuando éste pudo burlarse de ellas haciendo que la ONU apoyara el “programa de petróleo por alimentos,” de $50,000 millones, que socavaba sus efectos al mismo tiempo que le permitía apropiarse ilegalmente de 20% de todo el programa para su uso personal, incluyendo sobornar a políticos franceses, rusos y alemanes para que protegieran sus intereses?

¿Fue la guerra en Irak una diversión? El senador Kerry piensa que debiéramos haber puesto todas nuestras tropas en el esfuerzo de cazar a  Osama bin Laden. Pero es muy probable que Bin Laden esté muerto y tres cuartas partes de toda su alta dirigencia han sido decapitadas. Nadie ha visto a Bin Laden desde su presunta fuga de las cuevas de Tora Bora. Desde hace tres años no ha sido capaz de montar un ataque dentro de Estados Unidos. No. La más reciente amenaza de al-Qaeda se ha hecho a nombre de Al-Zawahiri, su segundo al mando. Y el terrorista vivo más importante y destructivo que hay en el mundo es Abu Musab al-Zarqawi. Y está en Irak.

Sí, hoy estamos más seguros gracias a las guerras realizadas por la administración de Bush de que  hubiéramos estado si nuestras tropas se hubieran quedado en casa o sólo hubieran ido a Afganistán. Es verdad, como señalan los oponentes del presidente, que hay mucha destrucción en Irak, y muchas amenazas  en el mundo. Pero la destrucción en Irak es la destrucción de las fuerzas terroristas, lo que es bueno, y la guerra misma es el único lenguaje que entienden. El imán chiíta Moqtada al-Sadr, ahora está buscando deponer sus armas y presentarse como candidato en las próximas elecciones. Esa es la victoria que estamos buscando. Ese es el valor persuasivo de la fuerza militar, y ese es el argumento para mantenerse firmes, y para mantener a este presidente en su cargo.

Tomado de Front Page
Traducido por AR