En defensa del neoliberalismo

 

El próximo desafío del gobierno de Bush

 

Newt Gingrich

Los últimos siete meses han sido seis meses de fracasos diplomáticos y un mes de éxitos militares. Los primeros días tras la victoria militar muestran que la norma del fracaso diplomático está  volviendo a empezar y que amenaza destruir los efectos de la victoria militar.

Para Estados Unidos, el apogeo diplomático fue el discurso del presidente Bush en la Asamblea General de Naciones Unidas el 12 de septiembre del 2002. Entonces se argumentó enfáticamente que el peso de la prueba recaía en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La dictadura iraquí había estado violando resoluciones de Naciones Unidas durante 12 años así que había que examinar a Naciones Unidas puesto que era obvio que el régimen de Saddam Hussein no había cumplido con sus obligaciones. Como dijo el presidente Bush, era hora de “escoger entre un mundo de miedo y un mundo de progreso.”

El Departamento de Estado tomó la enérgica posición del presidente y la transformó, negociando una resolución que cambiaba la verificación en inspección. Eso se hizo en parte debido a la política interna del Departamento de Estado: la verificación hubiera puesto la política en manos de gente que no estaba de acuerdo con la propensión de apaciguar dictadores y sustentar regímenes corruptos típica de la Oficina de Asuntos del Cercano Oriente.

El Departamento de Estado aceptó entonces a Hans Blix como jefe de los inspectores pese a que estaba abiertamente opuesto a la guerra y decidido a ganar tiempo para Saddam. El Departamento de Estado aceptó entonces el rechazo de Blix a volver a contratar a los inspectores que tenían experiencia, lo que tendía a dilatar todavía más el proceso. El proceso ya no era verificar el cumplimiento iraquí, en cuyo caso la carga de la prueba estaba en Saddam, y entonces obviamente Irak había fallado. Ahora era proseguir las inspecciones de Naciones Unidas, en cuyo caso la carga de la prueba recaía sobre Estados Unidos, que insistía en la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

El Departamento de Estado pasó de la clara opción del presidente Bush a un juego turbio en el que los jugadores hacían trampa y las cartas estaban marcadas en contra de Estados Unidos.

El fracaso del programa de comunicaciones del Departamento de Estado durante estos cinco meses ha sido tal que el 95 por ciento del pueblo turco se opuso a la posición americana. Esto es coherente con el patrón de fracasos de comunicación del Departamento de Estado. Un resultado es que el pueblo de Corea del Sur consideró a Estados Unidos como más peligroso que Corea del Norte, y que la gran mayoría de los franceses y los alemanes apoyaran políticas contrarias a Estados Unidos.

En lo que el D de E se mantenía inefectivo e incoherente, los franceses lanzaban una campaña mundial para socavar la posición americana y dificultar la sustitución de la dictadura de Saddam Hussein. Esto incluyó forzar a los turcos a bloquear un voto a favor de que Estados Unidos pudiera utilizar el territorio turco para crear un frente norte y llamar a otros miembros del Consejo de Seguridad para que bloquearan una segunda resolución.

Pese a una patética campaña pública de desesperación, el D de E ni siquiera pudo ganar una mayoría de los votos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para una segunda resolución. De alguna forma, se había vuelto más difícil eliminar el régimen terrorista de Saddam Hussein que apoyar a Estados Unidos y a un mundo de progreso.

Afortunadamente, el Departamento de Defensa fue capaz de sobreponerse a la pérdida de acceso a través de Turquía, la pérdida de apoyo en Europa y la pérdida de apoyo del Medio Oriente y convirtió todas esas desventajas en una fulminante victoria militar trabajando junto con nuestros aliados británicos y con el apoyo de los estados del Golfo, asegurado por Centcom y el D de D. Si Centcom y el D de D hubieran sido tan inefectivos como la diplomacia del D de E (que supuestamente está a cargo de la diplomacia) Kuwait no hubiera estado disponible, la base aérea saudita no hubiera estado disponible, y el tránsito jordano para las tropas especiales tampoco hubiera estado disponible, etc, etc.

Los militares cumplieron diplomáticamente y luego cumplieron militarmente en una brillante campaña de 4 semanas.

Ahora el D de E esta de vuelta trabajando a favor de políticas que van a perder todo lo que se ha ganado.

  1. El concepto de que el secretario de Estado de EEUU anuncie reunirse con un dictador que apoya el terrorismo y se mantiene gracias al terror de su policía política es simplemente asombroso y ridículo. Estados Unidos ha creado, por la fuerza de las armas, una oportunidad para aplicar verdadera presión económica, diplomática y política sobre Siria.

La dictadura siria hospeda abiertamente siete oficinas terroristas en el centro de Damasco, en público, con direcciones reconocidas. La dictadura siria todavía está desarrollando armas químicas de destrucción masiva y no permite inspecciones. La dictadura siria todavía está ocupando Líbano en detrimento de la paz en la región y todavía está trasladando armas y apoyo para Hezbolá en el sur del Líbano, donde hay más de 11,000 cohetes y misiles dirigidos contra Israel.

Este es un momento para que Estados Unidos exija cambios en Damasco antes que ni siquiera pueda considerarse una visita.  La visita debía ser una recompensa por un cambio público y no un pedido a una dictadura débil y económicamente deprimida.

  1. La invención del D de E de un cuarteto para las negociaciones entre israelíes y palestinos va en contra de todo lo que EEUU ha aprendido sobre Francia, Rusia y Naciones Unidas. Tras las amargas lecciones de los últimos cinco meses, es inimaginable que Estados Unidos vaya a aceptar voluntariamente un sistema en el que Naciones Unidas, la Unión Europea y Rusia puedan rutinariamente votar en contra de las posiciones del presidente Bush por tres a uno (o cuatro a uno si el D de E vota a favor de sus convicciones culturales y en contra de las políticas del presidente).

Esto es un esfuerzo deliberado y sistemático por socavar las políticas del presidente. De un punto de vista formal al garantizar que estas sean constantemente diluidas y distorsionadas por los otros tres miembros. Esto es peor que el proceso de inspecciones de Naciones Unidas, un obvio desastre para la diplomática americana.

  1. La gente que el D de E ha enviado a Irak hasta ahora representa los peores instintos de la Oficina de Asuntos del Cercano Oriente. Fueron promovidos en una cultura de mantener dictaduras, colaborar con los corruptos e ignorar su policía secreta. Tienen un público de gobiernos del Medio Oriente profundamente opuestos a la democracia en Irak. Su instinto es crear un gobierno débil en Irak que no amenace a las vecinas dictaduras de Siria, Irán, Arabia Saudita, etc.

Esto es exactamente lo opuesto a los objetivos declarados del presidente.

  1. El anuncio de que alguien de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) trabajaría para ayudar a reconstruir a Irak ha sido un signo ulterior de que no se ha aprendido nada. Hasta ahora, no se ha construida una sola milla de caminos en Afganistán. Este absoluto fracaso del espíritu empresarial americano es el resultado directo de que el D de E bloqueara la participación directa del Cuerpo de Ingenieros. No hay ninguna razón para creer que la AID va a ser mejor en Irak que el desastre que ha sido en Afganistán. Como un funcionario de la AID le dijera al Post: “Los afganos tiene que comprender los dilatados procedimientos burocráticos de la AID y no impacientarse.” Esta es exactamente la actitud equivocada y ayuda a explicar por qué hay que transformar el D de E pero hay que eliminar la AID.

Estos continuos fracasos y el rechazo a aprender de la experiencia compelen a la administración del presidente Bush a emprender la transformación del D de E como su próxima urgente misión. Estos problemas no son nuevos. Fueron planteados a principios del 2001 en el informe de la Comisión sobre Seguridad Nacional en el siglo XXI, también llamado el informe Hart—Rudman. Estas observaciones, por consiguiente, no constituyen ningún ataque contra la admistración del presidente Bush ni contra su secretario de Estados Colin Powell.