En defensa del neoliberalismo

 

Los pobres en Estados Unidos

 

Los que vivimos en Estados Unidos estamos sometidos a una contínua campaña de propaganda por parte de la prensa "liberal" (socialista) americana. Es deber de todo hombre honrado, por supuesto, luchar por el mejoramiento de la sociedad en que vive. Pero también existe el deber moral de ser inteligente y de no dejarse manipular por cualquier demagogo. Hay que recordar la experiencia del siglo XX con el fascismo y el comunismo y salirle al paso a los que pretenden atizar la envidida y los resentimientos para poder erigirse en los árbitros de la sociedad.

Parte de la campaña a que me refería anteriormente está dirigida a demostrar las enormes "injusticias" que existen en este país.  Sin embargo, recientemente, el Departamento de Comercio examinó cómo afectaba la movilidad social a los pobres. Aplicando los criterios federales a las estadísticas del Censo de 1993 y 1994, la autora Mary Naifeh determinó que aunque el índice anual de pobreza en esos dos años promedió ligeramente por debajo de 13 por ciento, el porcentaje de personas en “pobreza crónica”  durante los 24 meses sólo fue de 5.3 por ciento.

Naifeh también halló que una cuarta parte de los clasificados como pobres en el primer año dejaban de ser pobres en el próximo. “Alrededor de 7.6 millones de individuos que eran pobres en 1993 dejaron de serlo en 1994’’, escribió, “un índice de salida de la pobreza del 23.8 por ciento”.

Sí, siempre tendremos pobres entre nosotros pero, en Estados Unidos, los pobres no lo son tanto. En 1995, 70 por ciento de las casas consideradas como pobres tenían automóvil (27 por ciento tenía dos o más); 97 por ciento tenía televisor en colores; dos terceras partes tenía aire acondicionado; y 64 por ciento, un horno de microondas.

41 por ciento eran propietarios de casas. Sólo 3 por ciento de las casas pobres reportaba hambre frecuente. 7.5 por ciento se quejaba de hacinamiento.

“Las personas pobres”, escribió Robert Rector, analista de la Heritage Foundation, “tienen más probabilidades de tener sobrepeso que las personas de clase media. Casi la mitad de las mujeres pobres padecen de sobrepeso”.

La Oficina del Censo de Estados Unidos clasifica como pobres a muchas personas que no carecen ni de casa ni de alimentos. Por otra parte, los gastos de los pobres norteamericanos son aproximdamente el doble de sus ingresos declarados. Esto refleja, en parte, el fracaso del Censo de tomar en cuenta los beneficios en especie provistos por los distintos niveles del gobierno; en parte revela también la proclividad de algunos pobres de mentir sobre sus ingresos.

Pero esa clasificación de hogares pobres que realmente no lo son,  refleja, en parte, el deseo de los activistas de la asistencia social de extender los programas para pobres a otros grupos sociales. Utilizar los ingresos, en vez de la riqueza familiar, como criterio determinante, permite que reciban beneficios algunos estudiantes universitarios así como muchos ancianos que realmente no tienen nada de pobres. “Muchos (ancianos) tiene pocos gastos y muchos tienen considerables recursos”, comentó Bruce Barlett, un analista político.

Pero hay muchos pobres que no son ni víctimas de desventuras temporales ni beneficiarios de una errónea clasificación legal.

Los caminos de la pobreza

En Estados Unidos, una manera muy difundida de ser pobre es cometer un delito. Es verdad que muchos sociópatas no escogen la pobreza. Pero estar en la cárcel tiende a bajar mucho los salarios. Y, actualmente, hay hay casi 2 millones de norteamericanos en la cárcel.

La adicción a las drogas es otra magnífica vía hacia la pobreza. La narcoadicción tiene efectos que se prolongan por toda la escala generacional. Los 1.4 millones de adultos encarcelados con historia de narcoadicción tienen 2.4 millones de hijos que sufren de la merma en la capacidad adquisitiva de la familia. Los padres de 32 por ciento de los presos en las cárceles estatales usan drogan regularmente. Y aproximadamente la mitad de todos los presos en las cárceles estatales estaban drogados cuando cometieron sus crímenes.

Otra vía efectiva hacia la pobreza son las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Las relaciones sexuales entre los adolescentes está indirectamente asociada con la pobreza, ya que es pronóstico de bajo rendimiento académico, uso de drogas, deserción escolar, embarazo entre adolescentes y dependencia de la asistencia social. Cada uno de estos fenómenos, a su vez, aumenta las posibilidades de pobreza del joven.

Entre los adultos la correlación entre la sexualidad y la pobreza es todavía más evidente. La pobreza crónica entre los que viven juntos sin estar casados es casi el cuádruple – 8.2 por ciento versus 2.1 por ciento –  que entre los que están casados. Y 17.8 por ciento de las familias que tiene una mujer al frente del hogar son crónicamente pobres. Los hijos de las parejas que no están casadas tienen cinco veces más probabilidades de ser pobres que sus contrapartidas en las familias casadas.

Lo mejor que pueden hacer los adultos jóvenes para evitar la pobreza es casarse, y quedarse casados. Los hombres casados en la veintena y treintena ganan entre 10 y 15 por ciento más que los solteros; y los que están entre 55 y 64 ganan entre 20 y 32 por ciento más que los solteros de la misma edad. Las mujeres casadas también disfrutan de esa ventaja sobre sus contrapartidas solteras, aunque algo menor.

Seguiremos conversando sobre este tema.

Información tomada de National Review