Nicaragua: Populismo y reelección Edgardo J. Pinell Medina
Latinoamérica,
es una de las regiones del mundo con mayores retos, pero con gran
potencial de encaminar a sus países por las vías de desarrollo;
Chile, Brasil, Perú, Panamá son entre otros, ejemplos adecuados para
demostrarlo.
Entre los retos más serios que debemos enfrentar los
latinoamericanos, esta la ola del “neopopulismo” que ha infestado a
un número significativo de países, incluyendo a Nicaragua, aunque
en nuestro caso en particular parece ser una mutación de un virus
que ya ha hecho estragos en el pasado.
El “neopopulismo” latinoamericano, como lo califico por su máscara
de socialismo del siglo XXI, se basa en un discurso demagogo que
trata de endulzar el oído de los sectores marginados y pobres, que a
la vez resultan ser los más engañados y frustrados con el paso del
tiempo.
Hipotecar el futuro del país aplicando programas clientelistas, es
una característica de este fenómeno moderno, mientras los dirigentes
“proletarios” se enriquecen mediante la corrupción
institucionalizada a la sombra del secretismo gubernamental. Una
administración pública mayoritariamente ineficiente y mediocre,
típica de estos gobiernos populistas empobrece cada vez más a los
que dice beneficiar.
Este neopopulismo adquiere rostro local en el Danielismo, mismo que
se acopla cómodamente al formato internacional dibujado por el
chavismo. Este proyecto político logra su mayor expresión con la
figura de la reelección que atenta con la esencia democrática de la
alternancia en el poder, como alternativa al crecimiento del poder
absoluto y centralista del presidente de la República, amenaza que
tanto daño le ha hecho a nuestro país. El neopopulismo
desenmascarado incluye el aferramiento al poder mediante
aspiraciones reeleccionistas que pretenden proyectar Dioses
reencarnados en sus líderes, haciéndolos ver indispensables para
garantizar la existencia y futuro del país.
La carrera desesperada del FSLN y del mismo presidente Ortega por
reformar nuestra Constitución Política, para permitir entre otras
cosas su reelección indefinida comprueba esta teoría, simplemente es
una obsesión enfermiza por el poder. Es claro que los más de doce
años en el poder de Daniel Ortega y sus nulos resultados por el
progreso de país, demuestran su incapacidad de gobernar y su miopía
ante las exigencias y retos del mundo moderno, sencillamente su
liderazgo ha envejecido junto con él.
El interés por la reelección no solo es por una obsesión personal,
sino también un interés colectivo de la cúpula del FSLN por mantener
las nuevas y turbias adquisiciones económicas logradas durante lo
que va del gobierno de Ortega, al amparo de los recursos del pueblo
y mediante una política oscura y de confusión Estado-partido-familia,
es decir, parece que el dicho aquel de que “pudo más el interés que
el amor” aquí también se aplica.
La reelección, a pesar de tratar de legitimarla mediante un proceso
eleccionario, atenta contra la democracia misma, al fortalecer un
poder personalista que se acostumbra a mandar, mientras el pueblo se
acostumbra a obedecer; nada resulta más peligroso que dejar un mismo
individuo demasiado tiempo en el poder.
En contraposición, la alternancia en el poder como mecanismo
democrático de voluntad popular, debería ser una condición básica de
toda democracia moderna. Ejemplos clásicos como los “Treinta años
Conservadores” donde no hubo reelección ni reformas amañadas a la
Constitución inspiran los valores y principios modernos de las
nuevas generaciones de líderes, pues ahora nos corresponde a
nosotros defender ese legado histórico, ante las amenazas
neopopulistas de destruir nuestra República, nuestra democracia y
nuestras libertades.
Esta propuesta neopopulista no podría ser más peligrosa para las
aspiraciones legítimas y progresistas de la juventud latinoamericana
y por supuesto la nicaragüense. Resulta extremadamente
contradictorio ver organizaciones juveniles autollamadas
revolucionarias manifestarse a favor de la reelección de un viejo
ortodoxo y alucinante como Daniel Ortega. Sin lugar a dudas, atenta
contra ellos mismos y contra las aspiraciones de renovación
generacional que la juventud nicaragüense representa.
Llego la hora de nuevas ideas, mejores propuestas y de nuevos
líderes que releven a los actores políticos y sociales actuales, que
prácticamente son los mismos de los últimos 30 años. Se aproxima la
hora de su jubilación y para ello hay que defender con patriotismo
nuestra Constitución.
*Edgardo J. Pinell Medina es dirigente de Nacional Juventud
Conservadora. |