Uruguay: ¿qué país? – El Pais Digital
Los
uruguayos elegiremos hoy nuestro destino para los próximos cinco
años a través del voto. Es una decisión personal, que muchas veces
aparece sin dificultades, sea por la fuerza del dictado del corazón
o porque el razonamiento disipa neblinas y el camino se muestra
claro. Otras, no es tan fácil. No todos compartimos los mismos
sentimientos, las mismas adhesiones a sagradas divisas o consignas,
ni siquiera una similar escala de valores sobre lo que es más
importante para el país. Todos somos diferentes y esa diversidad es
patrimonio del hombre, como creación libre y pensante; aquí y en
cualquier parte del mundo.
La idea, casi en tiempo de descuentos para los comicios, es
trasmitir algunas reflexiones que quizás sirvan para ayudar a
decidir a los que aún no lo han hecho, con la puntualización que, no
por obvia, corresponde reiterar: nuestro apoyo a la fórmula
Lacalle-Larrañaga del Partido Nacional. Sobre esa base, conocida y
reiterada, trataremos de razonar de la manera más objetiva a la hora
de exponer argumentos.
El Partido Nacional es -su nombre lo dice- un Partido. Sus
autoridades son elegidas directamente a través de las elecciones
internas. De allí surge la Convención -máximo órgano de la
colectividad- que designa al Directorio. Todo es democrático y
transparente.
El Frente Amplio no es un Partido, sino una coalición electoral; un
conglomerado de Partidos y Sociedades Anónimas (el MPP, por ejemplo).
Su máxima autoridad -el Congreso- surge de una intrincada
combinación de personas elegidas en las internas, (las que la masa
frentista eligió) más otras por las bases (poderosos grupos de
elite) que tienen la verdadera mayoría. Así se da la paradoja de que
el Partido Comunista, tenga una sólida y decisiva representación en
el mismo cuando su respaldo electoral es escasísimo. No es
democrático ni transparente.
Un segundo punto son las ofertas electorales: qué es lo que tiene el
ciudadano a la vista y sobre lo cual debe decidir. Lo que sin lugar
a dudas es el tema de fondo. Tenemos la convicción de que por un
lado se ofrecen certezas y por otro incertidumbre.
El pensamiento de Lacalle (podríamos agregar, sin temor, también a
Bordaberry, Mieres) es claro, sus definiciones conocidas, sus
propuestas tienen un rumbo preciso. Podrá gustar o no gustar, se
puede compartir o rechazar, pero se conoce. No hay dudas sobre qué
se propone, cuales son sus proyectos de gobierno, avalado y, sin
lugar a dudas, mejorado por la experiencia. De ella siempre se
aprende. Junto a la fórmula se mueven políticos de la talla de
Sergio Abreu, Francisco Gallinal, Luis Alberto Heber, Javier de
Haedo, Ana Lía Piñeyrúa, Antonio Mercader, Ignacio de Posadas, Juan
Chiruchi y Carlos Moreira entre otros.
De José Mujica ¿puede decirse lo mismo? ¿Alguien sabe con exactitud
cuál es su pensamiento? De todo lo que ha dicho, de sus
contradicciones, sus marchas y contramarchas ¿cuál es la verdad? ¿O
la verdad está en lo que no ha dicho? Allí está la propiedad privada,
la convocatoria a una Constituyente, las resoluciones del Congreso
del FA o el tamiz que les aplicó el candidato, las AFAP, el secreto
bancario, el enfrentamiento entre los barrios de Montevideo, el
manejo de las relaciones laborales, la política impositiva, Astori
no-Astori sí, Vázquez no-Vázquez sí, sus amistades en la región, la
incorporación de Uruguay al ALBA de Chávez, el rechazo a tratados
comerciales con EE.UU., su agresividad hacia Colombia, su pasado,
sus convicciones democráticas, cuál será el papel la “barra” dura de
los Tupamaros que encabeza Marenales. En todos estos puntos -y en
muchos más-, tenemos declaraciones de Mujica inspiradas en el famoso
“como te digo una cosa te digo la otra”. ¿Alguien sabe cuáles son
las que en realidad valen, o vamos a esperar a que acceda al
gobierno para saber cuándo decía la verdad? Junto a la fórmula se
mueven políticos de la talla de Fernández Huidobro, Lucía Topolansky,
Daniel Martínez, Enrique Rubio, Mariano Arana, Daisy Tourné y
Reinaldo Gargano entre otros.
Más allá de que en esta campaña política se ha hecho caudal en la
anécdota de alguna palabra -infeliz- por encima de propuestas
concretas, lo cierto es que por un lado han habido definiciones y
por otro, no.
El voto es el arma suprema de los ciudadanos para elegir el gobierno
que les parece mejor (o, llegado el caso, el menos peor). Aquel que
permita el bienestar general para ellos y asegure oportunidades de
superación para sus hijos, en este mismo país. Resolver cuáles son
los valores que aspiramos rescatar, las aspiraciones que queremos
concretar y qué país queremos para el futuro: uno con rumbo cierto u
otro tan incierto como el resultado de una timba.
Fuente:
El Pais Digital |
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