En defensa del neoliberalismo

 

Rosa Parks y la historia

 

Thomas Sowell

La muerte de Rosa Parks nos recuerda su lugar en la historia como la primera mujer negra cuya negativa a ceder su asiento a un hombre blanco, de acuerdo con las leyes racistas de Alabama, fue la chispa que encendió el movimiento de los derechos civiles de los 1950s y 1960s.

Sin embargo, la mayoría de la gente no conoce las circunstancias que rodearon el histórico evento. En primer lugar, ¿por qué había segregación de asientos en el transporte público? "Racismo," dirán algunos, y ciertamente hubo bastante racismo en el sur, durante siglos. Pero la segregación de asientos en tranvías y autobuses no existió durante tanto tiempo.

Lejos de existir desde tiempo inmemorial, como muchos suponen, la segregación racial de asientos en el transporte público comenzó en el sur a finales del siglo diecinueve y principios del veinte.

Los que ven el gobierno como la solución de los problemas sociales se sorprenderán al saber que fue el gobierno el que creó este problema. Muchos, si no la mayoría de los sistemas municipales de transporte en el siglo diecinueve eran propiedad privada, y los dueños de esos sistemas no tenían incentivo para segregar las razas. Podrían haber sido personalmente racistas pero estaban en negocios para obtener ganancias, y nadie hace muchas ganancias hostigando a buenas parte de sus clientes. En el mercado de transporte municipal no había suficiente demanda de separación racial de asientos como para haberla podido conseguir.

Fue la política la que segregó las razas, porque los incentivos del proceso político eran diferentes a los del económico. Tanto negros como blancos gastaban dinero montando autobuses pero después de privar a los negros del derecho al voto, a fines del siglo diecinueve y principios del veinte, los blancos eran los únicos que contaban en el proceso político.

No era necesario que una mayoría abrumadora de votantes blancos pidiera la segregación racial. Políticamente, era suficiente que algunos lo hicieran y a otros no les importara. Porque, después de haber perdido el voto, lo que quisieran los negros carecía de importancia política.

Los incentivos de los sistemas económico y político no sólo eran diferentes, sino que eran contradictorios. En el sur, los dueños privados de tranvías, autobuses y compañías ferrocarrileras cabildeaban contra las leyes racistas mientras se estaban elaborando, las combatían en los tribunales una vez que eran aprobadas y se mostraban renuentes a la hora de aplicarlas. 

En algunos lugares, esas tácticas demoraron la aplicación de las leyes racistas. Entonces los empleados de compañías comenzaron a ser arrestados por no cumplir las leyes, y al menos un presidente de compañía de tranvías fue amenazado con la cárcel si desobedecía.

Ninguna de esas resistencias estaba basada en ningún afán por darle derechos civiles a los negros. Se fundaban en el temor a perder dinero. Era evidente que la segregación racial iba a ocasionar que los clientes negros usaran el transporte público con menos frecuencia.

Lo mismo que no era necesario que una abrumadora mayoría de blancos exigiera la segregación racial para obtenerla a través del sistema político, tampoco lo era el que una abrumadora mayoría de negros dejara de montar tranvías, autobuses y trenes para lograr que los dueños de esos sistemas de transporte público sintieran la pérdida de dinero que provocaba la discriminación. .

Los que condenan a los empresarios porque "sólo están para hacer dinero", no entienden las implicaciones de lo que están diciendo. Se gana dinero haciendo lo que otros quieren, no lo que uno desea.

El dinero de los negros era tan bueno como el de los blancos, no era así cuando se trataba de los votos. Inicialmente, la segregación significaba que los blancos no podían sentarse en la sección para negros de un autobús, lo mismo que los negros no podían hacerlo en la sección para blancos. Pero los blancos argumentaron que estaban forzados a permanecer de pie cuando aún había asientos vacíos en la sección para negros. Y entonces fue que se impuso la norma de que los negros tenían que ceder sus asientos a los blancos.

Sofismas legales de los jueces "interpretaron" de tal forma el requisito de trato equitativo de la Décimo Cuarta Enmienda, que lo hicieron desaparecer.

El activismo judicial puede moverse en cualquier dirección.

Y entonces, tras más de medio siglo de argucias políticas y fraude judicial, llegó Rosa Parks

Traducido por el Dr. Emilio Adolfo Rivero