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La economía de los servicios médicos
Jorge A. Sanguinetty
En este artículo me concentraré en los aspectos más importantes del
debate actual sobre las reformas del sector de la salud. Una de
estas cuestiones es el aumento de los costos de los servicios
médicos en general, lo cual incluye el uso de medicamentos. Se
afirma que alrededor de un sexto del Producto Nacional Bruto (PNB)
de la economía de Estados Unidos consiste en cuidados médicos. Por
otro lado se señala que hay una elevada proporción de ciudadanos que
carecen de cobertura médica, en gran parte por los altos costos de
estos servicios. La alta proporción del gasto en el PNB se apunta
como si fuera algo negativo, que hay que corregir, pero el asunto no
se somete a un escrutinio calificado, analizando los elementos
positivos y negativos que pueden estar jugando un papel en estas
tendencias. Al mismo tiempo se indica la falta de cobertura como
algo indeseable, pero se ofrecen diversas cifras que nublan la
magnitud y la comprensión del problema.
En economía, como en prácticamente todas las ciencias sociales, rara
vez podemos explicar un fenómeno como causado por una sola variable.
Los altos costos de los servicios médicos se deben a varias causas,
estando entre las más importantes las siguientes: la fuerza creativa
de este país, cuyas empresas e institutos de investigación
continuamente inventan nuevos procedimientos de tratamiento y de
diagnóstico y nuevos medicamentos; la preferencia de una gran
proporción de ciudadanos de gastar libremente proporciones
crecientes de sus ingresos para tener salud y extender sus vidas;
las ineficiencias de los sistemas públicos y privados que se deben
al fraude y al “riesgo moral” (la tendencia a abusar de los seguros)
y los ilimitados costos de las demandas judiciales por negligencia
médica.
Los dos primeros factores, el progreso técnico y las preferencias de
los ciudadanos, son resultados de una sociedad donde impera la
libertad individual y muchos ciudadanos afirmarían, yo entre ellos,
que ambos son esenciales para mantener el alto estándar medio de
vida que este país disfruta. Es cierto. No todos lo disfrutan,
factor que no puede ni debe ignorarse. Pero para bajar los costos de
los servicios médicos sin reducir el estándar de vida debiéramos
concentrar la atención en los otros factores. El fraude en los
servicios públicos parece ser de una magnitud significativa, pero no
se sabe a ciencia cierta. Sólo podemos hacer estimados, pero no cabe
duda que en este rubro pueden hacerse reducciones importantes de
costos aumentando la eficiencia administrativa de los sistemas. El
riesgo moral o abuso de los seguros, puede reducirse cobrando un
deducible significativo a los derechohabientes, para incentivarlos
conjuntamente con sus médicos a ser más austeros en las decisiones
sobre prevención, diagnósticos y tratamientos. Si tratamos al seguro
como un barril sin fondo, los costos aumentarán inevitablemente.
Los costos de los seguros para proteger a los médicos contra las
demandas por negligencia médica pueden controlarse si se legisla
limitando el tamaño de las compensaciones cuando se ganan los
juicios correspondientes. Aunque tal legislación se ha propuesto
desde hace muchos años, el Congreso de EEUU no ha actuado al
respecto y tampoco lo considera ahora como un rubro importante en
los costos de los servicios médicos, que también representan una
fuente significativa de ingresos para los abogados dedicados a ese
giro.
Con relación a la cobertura de los servicios médicos para toda la
población se presentan dilemas morales para todos los ciudadanos y
contribuyentes. El debate se ha complicado porque se incluyen dos
elementos muy controvertidos, el de la cobertura de los inmigrantes
ilegales y la cobertura de la práctica de abortos. Excluyendo estos
dos elementos, la cobertura universal es costosa y se plantea ser
subsidiada por el gobierno, pero ¿con qué fondos? ¿Cuánto costaría?
Los proponentes de las reformas aseguran que tal cobertura puede
lograrse ahorrando en el servicio público actual del Medicare, pero
la manera en que se plantea es como si la reducción fuera a ir más
allá del suministro actual de servicios. Para complementar estos
supuestos fondos habría que aumentar los impuestos (ya que los
déficits fiscales actuales son enormes), pero ¿a quiénes? Más del
cincuenta por ciento de los ingresos del gobierno proviene de los
impuestos personales pagados por alrededor del cinco por ciento de
los que más ganan. Pero el gobierno no produce, no genera riqueza.
Mientras más crezca, más recursos gastará; los ciudadanos tendrán
que pagar más impuestos y tendrán menos libertad para usar los
ingresos que les quedan.
En el centro del debate está la cuestión fundamental de definir el
papel del gobierno en la administración de los servicios médicos a
la población. En las condiciones actuales, los servicios médicos y
sus precios se determinan como resultado de la libertad de gestión
entre el paciente y el médico. La desigualdad en la cobertura se
deriva de la desigualdad en la distribución del ingreso y de la
riqueza entre los ciudadanos. Muchos desean que el gobierno se
imponga en la reducción de esas desigualdades y reemplace el sistema
de libertades individuales con uno más impersonal, más eficiente en
teoría, pero mucho menos en la práctica. La historia ha demostrado y
los ciudadanos conscientes y bien informados se dan cuenta de que
estas estrategias no son las soluciones deseables. Es una pena que
ante cuestiones tan importantes se estén buscando soluciones rápidas
sin suficiente comprensión por los ciudadanos. ¿O es que se están
utilizando las imperfecciones del sector de la salud para justificar
el aumento del poder de los burócratas y los políticos?
www.diariolasamericas.com/news.php?nid=84583
Septiembre, 2009 |
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