En defensa del neoliberalismo
 

Vigencia del tonto útil

 

Adolfo Rivero

Joan Brown Campbell, la secretaria general del Consejo Nacional de Iglesias (CNI), es esa señora de rostro plácido y meditabundos espejuelos que hemos visto en la televisión contrapuesta a la hermana Jeanne O'Laughlin y defendiendo el regreso de Elián a Cuba. Según el periódico Granma, Elián ha incorporado en su círculo familiar a esta ``dulce mujer que habla de él como de un hijo''. El año pasado, en uno de sus muchos viajes a Cuba, esta ``dulce mujer'' habló en la Plaza de la Revolución junto con Fidel Castro.``Les pedimos perdón'' --le dijo a la muchedumbre-- ``por el sufrimiento que les han causado las acciones de Estados Unidos''.

Bueno, quizás sea pertinente. Sobre todo, si entre esos sufrimientos se cuenta la elección de Bill Clinton.

¿Qué es este Consejo Nacional de Iglesias? Esta organización, compuesta por unas 30 denominaciones religosas, fue la que contrató a Greg Craig, el abogado de John Hinckle y Bill Clinton, para que representara a Juan Miguel González. Fue el CNI el que fletó el jet que trajo a Juan Miguel a Washington. El CNI, desde sus oficinas en Nueva York, ha emitido una declaración tras otra exigiendo el regreso de Elián a Cuba. En todo momento, las posiciones del CNI han sido idénticas a las de la dictadura cubana, inclusive hasta en la insistencia en que no se le diera a Elián la ciudadana americana.

No es nada nuevo. En 1975, el CNI publicó un panfleto llamado Cuba: People-Questions donde les ofrecía a sus miembros una breve historia de las relaciones entre EU y Cuba. ``Durante los años 60'', comenzaba, ``EU hizo todo lo que pudo por subyugar a Cuba''. EU utilizó ``tácticas de guerra fría'', chantajeó a los vecinos de Cuba, ``impuso un bloqueo alrededor de la isla'', y llegó hasta a organizar una invasión dirigida por la CIA. Afortunadamente, explica el panfleto, el pueblo cubano ``aplastó a los invasores en Bahía de Cochinos'', permitiéndole a Fidel Castro proveer atención médica y educación ``gratuita o prácticamente gratuita (...) Posteriormente, los líderes cubanos lo llamaron socialismo. La gente pobre lo consideró estupendo''. En 1983, cuando miles de presos políticos habían muerto en los siniestros campos de reeducación de Vietnam, Paul McCleary, jefe de la oficina internacional del CNI, fue a testimoniar ante el Congreso en defensa de los campos de concentración vietnamitas. McCleary describió uno de los que había visitado como ``un pequeño balneario tropical''. (¿Cómo describiría Villa Marista? ¿Una especie de monasterio dedicado a la meditación?) Según McCleary, ``todo el proceso de reeducación reflejaba la firme decisión del gobierno de alentar y permitirle a la gente ejercer sus derechos, restaurados como plenos participantes en el futuro de Vietnam''.

El CNI nunca ha dado excusas por las declaraciones de McCleary. Tampoco ha revisado su posición sobre Cuba. El CNI se jacta ``de haber adoptado más de 130 resoluciones denunciando violaciones de derechos humanos en muchos países''. Es cierto. Desde 1951, el CNI ha aprobado resoluciones atacando todo tipo de injusticia imaginable, desde la tragedia de los recogedores de lechuga no sindicalizados hasta el abuso que significa la ley de inscripción de extranjeros en Japón y la espantosa crisis en la Micronesia (no es ninguna broma). Lo que nunca ha pedido es la restauración de la democracia en Cuba. ¿La libertad de expresión religiosa? Nunca les ha preocupado. Están demasiado ocupados organizando vuelos fletados para Greg Craig.

¿Por qué debería un grupo de iglesias invertir tanto tiempo y dinero para hacer propaganda a favor de un gobierno ateo, universalemente denunciado por impedir la libertad de expresión religiosa?

La realidad es que hay una fuerte corriente ``liberal'' (socialista) tanto dentro de las denominaciones protestantes como dentro de la Iglesia Católica. Preocupados por la aparente merma de la fe, muchos dirigentes religiosos decidieron abrazar las populares causas laicas de los años 60. Pensaron revitalizar de esa forma la vida de sus congregaciones. La experiencia muestra que mientras más se han ``modernizado'', más influencia han perdido.

Y si a eso añadimos que entre esas causas está la defensa de dictaduras comunistas, no sería de extrañar que algún día desaparecieran completamente.

2 de Junio del 2000